Autoestima ciudadana

Recuerdos de “Un Cariño para mi Ciudad”. Extraída de http://www.panoramio.com/photo/63692506

Recuerdos de “Un Cariño para mi Ciudad”

El hombre debe salir del estado de naturaleza, en el que cada cual sigue los caprichos de su fantasía, y unirse con todos los demás (…) sometiéndose a una constricción externa públicamente legal (…) cada cual debe (…) entrar en un estado civil.

-Immanuel Kant[1]

Hace algunos meses iba manejando en una avenida principal de una zona clase media en Caracas. Tenía el semáforo en verde. No obstante, esto no significó nada para un conductor que cruzó atravesando la vía principal bien transitada, aproximadamente a las 6 de la tarde. Me dio mucha rabia, pero en estos días tales situaciones son tan comunes que no me ocasionó especial alarma. Solamente pensé: “Si estuviera en Miami, ese loco ni se le hubiese pasado por la cabeza hacer eso”.

¿Por qué entonces tal comportamiento? La explicación casi automática se le puede atribuir a la impunidad reinante. Según el informe del Ministerio Público (2012) correspondiente al año 2011, de 867.004 causas tramitadas, 71% fueron resueltas por sobreseimiento, 20.5% fueron archivadas por falta de pruebas, y 8.2% concluyeron en acusaciones (p.19). Esto significa que 91.8% de los casos no tuvieron tratamiento completo; esto es, hubo un 91.8% de impunidad.

A pesar de que en Venezuela se tenga una de las constituciones más largas y se redacten reglamentaciones para casi todo (revisen las gacetas oficiales diarias), lo común es que la gente no sienta obligación alguna por seguir las leyes, porque muy probablemente no va a encontrar ningún castigo.

Pero si bien esta explicación es bastante lógica, es un tanto simplista. Sin ninguna intención de justificar la ineficiencia gubernamental generalizada que es bastante irresponsable, la gente tampoco pone de su parte. Cabe destacar que estoy hablando en términos de gente, y no de ciudadano.

Según Jordi Borja y Zaida Muxí (2000), “Entendemos por ciudadanía un status que reconoce los mismos derechos y deberes para todos los que viven – y conviven- en un mismo territorio (…)” (p.64).

Situaciones como la narrada al inicio, no solamente apuntan a que no hay imperio eficiente de la ley, sino que también los habitantes de una ciudad (sin importar status social y zona donde residan), no comprenden la ciudadanía, lo cual cuesta muy caro en términos de convivencia y funcionamiento normal de una sociedad.

Otro ejemplo claro de esto se ve en la autopista subiendo hacia el Túnel de La Trinidad. Debido a que la gente continuamente transitaba por el hombrillo para maleducadamente colearse al llegar al túnel, varios oficiales tuvieron que instalarse a fin de detener tal comportamiento y multar a quienes erraran. Es decir, se está disponiendo de unos 3 o 4 policías, porque los conductores no cumplen una norma básica de tránsito. Teniendo en cuenta el déficit policial que típicamente se ubica en el 300%, es descabellado que los funcionarios estén meramente “poniéndole el ojo a los vivos”, mientras pudieran estar ocupándose de otras situaciones más urgentes. Después la misma gente que se colea se queja de la ineficiencia policial.

Si bien Venezuela está plagada de problemas que opacan la visión de futuro en el país (inseguridad, inflación, escasez, corrupción, presos políticos, invasiones, huecos en la calle, tráfico insoportable, y un infinito etc.), cuyas resoluciones efectivamente dependen de las autoridades gubernamentales y no de la persona común, los habitantes no-ciudadanos empeoran el escenario.

“Nadie debería estar más interesado en las condiciones de su entorno que los que viven en él, pero esto no siempre ocurre” dice acertadamente María Eugenia Clavier (2003, p. 164). Si de verdad valoráramos a nuestra ciudad y a sus ciudadanos, si practicáramos autoestima ciudadana, tal vez podríamos tener una Caracas menos inhóspita. No podremos resolver los problemas cuya solución están fuera de nuestro alcance, pero sí podemos ser responsables por nuestras propias acciones para entrar en un estado civil, donde haya respeto, cumplimiento de deberes y garantía de derechos.

Referencias:

Borja, J. y Muxí, Z. (2000): El espacio público, ciudad y ciudadanía. Recuperado el 3 de febrero de 2013 en http://pensarcontemporaneo.files.wordpress.com/2009/06/el-espacio-publico-ciudad-y-ciudadania-jordi-borja.pdf

Clavier, M. (2003): Ciudadanía Activa. En Universidad Metropolitana, Entorno Urbano II. 2001-2007. Maestría en Diseño Urbano. Caracas: Universidad Metropolitana.

República Bolivariana de Venezuela, Ministerio Público, Despacho de la Fiscal General de la República (2012). Informe Anual 2011 a la Asamblea General. Recuperado el 3 de febrero de 2013 en http://www.mp.gob.ve/c/document_library/get_file?uuid=c9efb1a0-93db-4320-8c9f-be4d1a49397b&groupId=10136.

Imagen “Un Cariño para mi Ciudad” de http://www.panoramio.com/photo/63692506


[1] Citado en Bobbio, N. (1989): Estado, Gobierno y Sociedad. México D.F.: Fondo de Cultura Económica. (pp. 57-58)

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