NYC, orden caótico

Tuve la oportunidad de re-conocer Nueva York por nueve días. Había ido cuando tenía 8 años durante un diciembre. Lo que recuerdo es la tienda enorme de juguetes Fao-Schwartz, el paseo a caballo en el Central Park, las incontables luces de decoración navideña, el Cascanueces y el patinaje sobre hielo. A los 25 años la experiencia fue diferente. No fue una vacación relajante- para eso se va a algún lugar donde uno no se tenga que mover tanto-, pero fue extrañamente interesante.

No es una ciudad perfecta ni idílica, pero tiene su encanto, difícil de percibir, puesto que tampoco es abiertamente amable. Hay tráfico y basura. De hecho, vi a alguien lanzar basura descaradamente en medio de la calle, porque sí. No se puede caminar sin tener a un residente pisándote los pies. El metro es difícil de entender. Es cara, y eso que no me pasé el tiempo convirtiendo todo a bolívares. (Si ya salí del país, es muy doloroso pasar una vacación amargada por nuestra moneda). Además, la primavera no ha tocado el timbre, creo que ni siquiera ha pensado en ir hasta allá todavía. Ésta es sólo mi perspectiva de turista, me imagino mucho más sencilla que la realidad del residente.

Sin embargo, entre toda esa carcaza, entre esa selva de concreto de Manhattan solamente interrumpida por unos parques, puede percibirse que el caos extrañamente encuentra su ritmo natural; como si todas las piezas descompaginadas siguieran un orden que sólo ellas conocen. Mientras se camina la ciudad uno lo puede ver: la muchacha arreglada yendo a su trabajo visiblemente estresada, el que pasea a los perros con diez canes a la vez, el mendigo que vive de unas cuantas monedas al día, artistas de calle entreteniendo a cambio de liquidez, las niñeras paseando a los bebés en los coches, los corredores trotando a pesar del frío inclemente, los taxis amarillos revoloteando desesperadamente, los “perreros” que además venden shawarmas y pretzels para aquellos muy apurados o cortos de dinero para sentarse a comer. Todos encuentran su espacio. Todos envueltos en una dinámica sobrecogedora para el extraño, pero habitual para el local.

skyline2

Sólo caminando se absorbe la esencia del lugar, compuesta no sólo por los edificios, los monumentos, las calles, los sitios físicos, sino también por su gente: banqueros y artistas, pobres y ricos, elegantes y mamarrachos, viejos y jóvenes, estadounidenses y extranjeros, parejas gays y heterosexuales agarradas de mano, asiáticos, negros, blancos y latinos, con cabello negro, castaño, rubio, morado y azul- todos unidos por el carácter que se requiere para aguantar vivir en una ciudad como Nueva York.

Nueva York es una ciudad de contrastes. Es la ciudad del yuppie, pero también del hipster. Es la ciudad de Wall Street, pero también del MOMA. Es la ciudad de las calles principales ajetreadas, pero también de las calles laterales tranquilas. Es la ciudad de los rascacielos intimidantes, pero también de los edificios de 4 pisos con sus escaleras de emergencia atravesadas y en ocasiones, adornados con murales excepcionales. Es la ciudad de grandes marcas como Whole Foods y Starbucks, pero también del abasto del chino que consigue todo y de la pastelería tradicional de una austríaca que vivió décadas en Paraguay.

Jugando ajedrez...

Es la ciudad con un sistema de metro en donde su personal no ayuda al perdido, pero en el cual también encuentras a un señor de Uganda tocando un instrumento de nombre impronunciable que produce sonidos hermosos. Es la ciudad donde mientras unos están siempre apurados, otros tienen un tiempo para sentarse en Bryant Park a jugar ajedrez. Es la ciudad donde vas a un lugar de comida típica japonesa, lleno de clientes y empleados japoneses, pero donde suena un “Valió la pena” de Marc Anthony, seguido de un merengue de Juan Luis Guerra.

Es una ciudad dura, pero también vulnerable. Ground Zero es recuerdo de ello. El monumento recrea el evento con precisión dinámica: las huellas cuadradas de las torres dentro de fuentes cuya agua cae en un nivel más bajo, representan el colapso de las edificaciones. Alrededor de las piscinas están grabados los nombres de las víctimas: tres mil personas provenientes de 90 naciones, dando a entender que el atentado no fue contra un solo país. Es inevitable no sentir compasión.

ground zero

No es la ciudad perfecta e idílica, pero muchos quieren ir y van. Más de ocho millones de personas viven ahí: locales, nacionales de otras ciudades, extranjeros, habitantes sedentarios y nómadas. Sólo en 2011 se contaron 50 millones de visitantes. Ahí no importa nacionalidad, idioma, color, altura o cultura: todos quieren subir al Empire State.

Más imágenes:

highline

metrotowerdog

estatua

arte desgraciadorascacielos

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s