Viejos, nuevos y los mismos tiempos

He vivido 26 años en Caracas y puedo decir que no la conozco. Sí, vivo en ella, me ubico, pero no me bajo de un carro, rara vez camino, no observo detalles y lo menos que quiero es perderme. La única ocasión en la que me tomo mi tiempo es cuando me atrapa el tráfico y la experiencia dista de ser relajante. No dejo de pensar en que seré la próxima víctima del hampa demasiado común.

Ravi Shankar recordándome a vivir sin estrés durante una cola caraqueña

La inseguridad me aleja de las calles. No exploro mi ciudad como cuando viajo a otras urbes, donde camino, observo detalles, intentando ser más que una turista…en Caracas soy precisamente eso.

¿Quieres hacer un tour guiado por el centro de Caracas?

Dije sí desechando la idea inculcada de que el centro equivale al Mordor venezolano.

 Explota la burbuja 

Veo otra ciudad cuando salgo de la estación, estoy en otro territorio. “Cuidado con el celular”. Caminamos: malos olores, mucho ruido, mucho alboroto. Gente gritona, emprendedora, creativa, musical, dulcera, impaciente. Venezolanos en fin.

Chicha legendaria

Chicha legendaria en la Plaza El Venezolano

Subimos al Calvario y es un oasis en medio de una jungla de concreto, smog, ruido y gente. Me imagino a las señoritas de otros tiempos con sus faldas largas y sombrillas delicadas sobre el hombro, mientras los caballeros las cortejaban con rosas rojas de Galipán en mano.

El Calvario, oasis citadino

El Calvario, oasis citadino

Camino y observo detalles.Vamos al mirador y vemos una panorámica perfecta de toda Caracas. El desorden de la idiosincrasia venezolana se ve reflejado en el urbanismo. No hay estructura. “Mientras vamos yendo, vamos viendo” pareciera ser la premisa que guía el crecimiento de la ciudad. Vemos la gran variedad de obras arquitectónicas insignes que en su momento fueron modelo a seguir y símbolos de innovación y vanguardia.

Huellas

Bajamos. Plaza O’Leary, Teatro Municipal, Centro Simón Bolívar, Casa de las Primeras Letras, Iglesia de San Francisco, la Plaza El Venezolano, muchas otras avenidas y calles. Si bien muchos de estos sitios se encuentran recuperados, otros revelan lo que fueron, lo que dejaron de ser. Lugares de formal importancia, pero que como nuestra moneda, se han devaluado progresivamente con los años.

Las calles y paredes de mármol nos cuentan sobre otros tiempos de abundancia y de nuevo riquismo cultural. Ni una placa de mármol se conserva limpia, todas están sucias e inclusive ralladas con graffiti. Símbolo de derroche, inconsciencia, desapego, tal vez ignorancia. Simplemente no duele, porque fue fácil.

Las calles, la arquitectura y el urbanismo nos relatan cómo Caracas fue fundada en tiempos de capitanía general y cómo fue creciendo. Luego nos ilustran sobre otros períodos de orden y progreso a correazos acompañados de inyección estatal para elevar la autoestima nacional. Finalmente exponen nuestros días de populismo y culto a la personalidad.

Caminamos por  espacios dedicados a damnificados con sus correspondientes identificaciones partidistas. Pósters pegados por doquier, graffitis, plazas, monumentos, retratos que acompañan los sitios turísticos, uniformes rojos, el rojo en todas pares y “la mirada” que aparece cada cierto tanto.

Cuartel de la Montaña

Cuartel de la Montaña

El Panteón Nacional es víctima de la lucha entre el pasado y el presente: legado colonial versus legado socialista. Ambos son expresiones de caudillismo compitiendo por quién le rinde más culto a la figura impuesta como el dios venezolano.

Lucha arquitectónica

Lucha arquitectónica

De regreso a la burbuja 

Regresé contenta de haber hecho el recorrido. Conocer algo diferente a lo rutinario. Intentar entender.

No éramos de la zona y tampoco chavistas, pero por unas horas, también el centro de Caracas fue nuestra ciudad y pude ser más que una turista …por lo menos por un día. Somos iguales, parecidos, muy diferentes, demasiado distintos -todo al mismo tiempo.

Caracas es una huella de la confrontación aún (y quién sabe si siempre) vigente entre el anhelo de civilización y nuestros instintos intranquilos, desordenados y agresivos.

A pesar de que nada es eterno y todo constantemente cambia, al mismo tiempo muchas cosas permanecen siendo las mismas: no importa la época, no importa quién mande. Fuimos, éramos, somos otra cosa, pero también seremos la misma. Ahí seguirán los cimientos como jeroglíficos para recordarnos la historia.

 

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