Cuentas claras

“Estamos en una dictadura, señores” es una frase que escuchamos por lo menos 20 veces por semana, especialmente dados los últimos acontecimientos en nuestro país.

La frase viene precedida de la noción de que el sistema político venezolano no está funcionando cómo debería. Pero, hagamos una pausa un momento. ¿Sabemos a cabalidad qué es una dictadura?

Por descarte…

Podemos empezar diciendo que la palabra dictadura inmediatamente tiene una connotación negativa alusiva al mal gobierno que no se ajusta al modelo democrático.

De acuerdo a los trabajos de teóricos como Giovanni Sartori y Robert Dahl, una democracia es el gobierno que se basa en el poder popular; recibe su legitimidad por parte del pueblo a través de elecciones periódicas, libres y justas. Mientras que los gobernantes son elegidos por la mayoría, las minorías también tienen su espacio y tienen derecho a ser escuchadas bajo el principio del pluralismo político. Se trata de instaurar un sistema bajo el cual se diriman los conflictos pacíficamente y se atienda la diversidad de demandas, con lo cual se consigue gobernabilidad y en definitiva, una sociedad estable.

En una democracia los ciudadanos expresan sus preferencias y opiniones, las cuales son consideradas al momento de tomar las decisiones políticas. En una democracia todos tienen el derecho a intentar ser elegidos, a asociarse libremente y a buscar información alternativa y de procedencia diversa. En una democracia la ley rige; el gobierno actúa bajo sus lineamientos y el que la viola es sancionado.

El otro lado de la moneda

En contraposición a la democracia, existen las dictaduras, gobiernos de duración indefinida en el cual el poder es ilimitadamente concentrado en una persona o en un grupo pequeño de personas.

El teórico Norberto Bobbio nos da luces sobre las características de las dictaduras. Estos gobiernos no están frenados por la ley, actúan por encima de ella e inclusive la traducen a su propia voluntad. En consecuencia, a pesar de que hay una ley nominal, ésta no tiene valor real práctico. Es de esperarse entonces que los gobernantes actúen imprevisible e irregularmente.

El autor resalta el carácter rígido del gobierno gracias a la concentración del poder que detenta. Debido a que una sola figura posee el poder, ésta cree ser la personificación de la soberanía popular y de los intereses del pueblo, con lo cual justifica su legitimidad. Al momento de haber adversarios, estos son reprimidos con instrumentos coercitivos, se les exige su adherencia y se desalienta sus ambiciones.

Bobbio hace hincapié en la precariedad de las reglas de sucesión al poder: “Cuando decae el jefe carismático no hay ningún procedimiento regular que pueda transmitir a otro sus cualidades excepcionales”.

Vivir en dictadura

2+25

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Se trata de una dictadura cuando a pesar de tener un cuerpo de leyes, el gobierno no actúa bajo sus lineamientos sin conseguir sanción o freno. Se vive en una dictadura cuando en caso de celebrarse elecciones, surgen fuertes sospechas de que éstas no se realizaron en condiciones justas. Se habla de dictadura cuando el poder está centralizado y personalizado en una figura. Hay dictadura cuando este mismo poder se impone con fuerza a sus opositores. Se vive en dictadura cuando las libertades civiles son sistemáticamente golpeadas.

Febrero 2014 en Venezuela. Ya pausamos, y de rojo, la luz cambia a verde. ¿Democracia o dictadura?

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