Estoy aquí ahora

 

Encierro, imposibilidad, limitación. Algunas de las cosas que esta caraqueña por estar aquí vive.

Encierro por la inseguridad. No está fácil vivir en un ciudad, en un país, con una tasa de 54 asesinatos por 100 mil habitantes[1] cuando el promedio mundial es 6,2. Ni hablar de los secuestros, robos, hurtos y demás. Trato de no pensar mucho en ello, porque igual hay que salir. A mi propio riesgo, pero hay que hacerlo.

Imposibilidad por la situación económica. No está fácil vivir en un país donde entre el año 2008 y 2014 la inflación ha sido de 445%. Las cosas que quieres o necesitas comprar cada vez son más caras, mientras tu sueldo sigue igual. Ni hablar de la escasez, de la situación petrolera, de la crisis cambiaria o de la corrupción (20 mil millones de dólares robados sólo en las empresas de maletín). Ni hablar de cómo viven los menos afortunados. Piensas que a lo mejor con algo propio puedas surgir, pero después ves las noticias, hablas con la gente y el panorama es todo menos alentador. ¿Hay manera?

Limitación por la visión de futuro. No está fácil buscar trabajo en un país donde todas las opciones laborales que se ajustan a lo que me dio por estudiar se ven truncadas por la realidad política. He tenido que buscar alternativas, en las cuales, sí, aprendo cosas nuevas, pero no se ajustan a mi plan original y hasta me atrevo decir ¿sueños? Ni hablar de comprar un apartamento, un nuevo carro, viajar a los lugares que muero por conocer.

Pero nací a finales de los ochenta en Venezuela: estoy aquí y ahora no me puedo ir. Emigrar no es la respuesta. Y muy en el fondo tampoco quiero. Salir porque “este país es una mierda” es un trapo caliente que aguanta la fiebre por unos meses nada más. Hay que buscar otras opciones. Acepto sugerencias. Sigo buscando mi oportunidad dentro de la crisis.

Mientras tanto estoy en la terraza de mi casa en un sábado un poco nublado, con la brisa pegándome en la cara, rodeada del monte tropical, con el Ávila a mis espaldas, escuchando el escándalo de las guacharacas al momento que pasan cuatro guacamayas al frente. Estoy acompañada por mis tres perritas y dos morrocoyes, mientras me como una arepa con queso de mano y me tomo mi café. Arriba está mi familia, mi hermano echando broma. Me dicen para ir a la playa, a lo mejor vaya. Siempre alguien lleva amigos de amigos y al final terminamos todos bailando siendo amigos.

El día aclara. Espero que mi futuro también.

 

[1] Cifra extraída del estudio anual sobre el homicidio en el mundo elaborado por la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, el cual se basa en números oficiales. De tal modo, probablemente sea muy tímida.

 

Anuncios