Es responsabilidad del Estado

Es responsabilidad del Estado cuando al caminar por la calle con tus hijos, el más pequeño cae en una alcantarilla, ocasionando su muerte… y la tuya.

Es responsabilidad del Estado cuando una avenida sin luz te hace presa fácil de ladrones y violadores.

Es responsabilidad del Estado cuando salir a tomarte algo un sábado en la noche se convierte en un riesgo sin retorno.

Es responsabilidad del Estado cuando llevas años durmiendo en el piso, evitando que una bala te atrape.

Es responsabilidad del Estado cuando tus hijos han muerto por balas perdidas mientras se bajaban de un autobús o caminaban hacia la casa de un vecino.

Es responsabilidad del Estado cuando sin importar lo mucho que estudies y trabajes, tu salario igual se desvanezca sin freno.

Es responsabilidad del Estado cuando tu hermano, tu mejor amiga, tu primo, tus vecinos y compañeros huyen del país buscando una vida digna.

Es responsabilidad del Estado cuando tus hijos son asesinados en sus camas por policías enmascarados.

Es responsabilidad del Estado cuando militares desaparecen a 20 de tus vecinos y los encuentran en una fosa común meses después.

Es responsabilidad del Estado cuando los policías que matan siguen matando.

Es responsabilidad del Estado cuando sólo te queda confiar en la justica divina.

Es responsabilidad del Estado cuando expresar tu opinión te confina a una cárcel oscura lejos de tu familia.

Es responsabilidad del Estado cuando lo único que tienes de comer son los restos que otra persona no quiso.

Es responsabilidad del Estado cuando el cuerpo de tu niña se rinde ante el hambre.

Es responsabilidad del Estado cuando quieres vivir, pero no tienes las medicinas para curarte.

Es responsabilidad del Estado cuando ves a tu hijo desvanecerse por una enfermedad que en otro lugar pudiera vencerse.

Es responsabilidad del Estado cuando la pantalla de tu televisor no te dice lo que está pasando.

Es responsabilidad del Estado cuando una bomba lacrimógena te destroza el rostro mientras sólo pasabas por donde una protesta ocurría.

Es responsabilidad del Estado cuando un guardia te mata por alzar tu voz contra lo que consideras injusto.

Es responsabilidad del Estado cuando dejas de ser ciudadano y pasas a ser enemigo.

El Estado no es una hacienda. Sus ciudadanos no son peones. ¿Cuándo llegará el día en que los funcionarios comprendan su responsabilidad?

(Esta lista no se agota; te invito a continuarla).

¿Quién repara el dolor?

Todas las muertes duelen, pero las muertes de los niños y las mascotas producen un dolor diferente.

Cuando una niña muere por una bala perdida que fue disparada en un conflicto ajeno e ilógico, duele e indigna.

Cuando un niño muere porque tiene cáncer y no hay tratamientos, duele e indigna.
Cuando cada vez más niños mueren de hambre, duele e indigna.

Estas muertes tocan una fibra distinta, porque son seres que aún no deciden, que aún no pueden valerse por sí mismos; porque aún necesitan protección y alguien falló en dársela.

Estas muertes indignan, porque son producto de la acción u omisión de quienes menosprecian la humanidad. Indignan porque pudieron haberse evitado.

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“Era sólo un animal, por favor”. Pues, para su dueña no era sólo un animal. Sólo quien ama de verdad a su perro sabe qué es perder su compañía incondicional y despedirse por siempre.

Decidir tener una mascota viene con un precio: saber que estará con nosotros menos de lo que quisiéramos. Lo sabemos y aceptamos.

Pero no es lo mismo cuando un perro es asesinado. Un ser vivo que no es parte de ningún conflicto humano, que no tiene culpa de nada. Un ser noble que sólo estaba saludando. Me lo imagino con su boca abierta y sonriente, ojos amigables y cola intranquila. Me imagino también el dolor de su dueña cuando veo la boca abierta y sonriente, ojos amigables y colas inquietas de mis mejores amigas.

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Me tranquiliza pensar que aunque la justicia se tarda en llegar, llega. Hoy, la lista de crímenes es larga. Los delitos tienen nombre, medida y su castigo correspondiente. Las víctimas también pueden contarse: 67, 100, 1000, 10000…

¿Pero quién repara el dolor de los sobrevivientes? ¿El dolor que no puede medirse, sino sufrirse?

Vivimos en tiempos de duelo e indignación colectiva. Por los asesinados. Por los niños que no fueron protegidos. Por los animales nobles víctimas de la crueldad humana. Por los indefensos. Por los inocentes.