VERDE

Hubo tiempos en los que eras más amable: ejemplo latinoamericano de desarrollo y progreso, hogar de construcciones de vanguardia arquitectónica y sitio de encuentro para tu población cada vez más dilatada. Yo todavía era muy joven y no te conocí con tu mejor cara.

Me gustaría verte limpia, que tus calles me invitaran a recorrerlas con tranquilidad, sentirme libre.

A pesar de todo, eres mi hogar. En ti nací, en ti crecí y espero seguir envejeciendo en ti también. Aquí estoy. Aquí sigo.

Siempre me ha encantado la neblina que baja de tu montaña y que acompaña la frescura de las mañanas. Tu sol nunca deja de ser amable, aún al mediodía cuando éste se encuentra más bravo. La brisa acogedora de las tardes produce una música placentera cuando mueve las ramas de los tantos árboles que te adornan.

Esos árboles majestuosos que han roto la modernidad. Chaguaramos inmensos, jabillos copiosos, mijaos fuertes, apamates coloridos, araguaneyes cuyas flores parecieran ser diamantes en el cielo, e inclusive especies de otros paisajes como sauces y pinos. Verde, la ciudad verde.

Me gustan tus temporadas de lluvia: limpian y depuran. Son fuertes, pero el resultado vale la pena: el cielo se aclara, las nubes se aplanan y el aire se vuelve más liviano. El olor a naturaleza, a tierra mojada, hace pensar en tiempos precolombinos cuando la intervención del hombre aún estaba ausente.

Caracas, ahora lo veo: no eres tú, somos nosotros.

la foto (1)

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Estoy aquí ahora

 

Encierro, imposibilidad, limitación. Algunas de las cosas que esta caraqueña por estar aquí vive.

Encierro por la inseguridad. No está fácil vivir en un ciudad, en un país, con una tasa de 54 asesinatos por 100 mil habitantes[1] cuando el promedio mundial es 6,2. Ni hablar de los secuestros, robos, hurtos y demás. Trato de no pensar mucho en ello, porque igual hay que salir. A mi propio riesgo, pero hay que hacerlo.

Imposibilidad por la situación económica. No está fácil vivir en un país donde entre el año 2008 y 2014 la inflación ha sido de 445%. Las cosas que quieres o necesitas comprar cada vez son más caras, mientras tu sueldo sigue igual. Ni hablar de la escasez, de la situación petrolera, de la crisis cambiaria o de la corrupción (20 mil millones de dólares robados sólo en las empresas de maletín). Ni hablar de cómo viven los menos afortunados. Piensas que a lo mejor con algo propio puedas surgir, pero después ves las noticias, hablas con la gente y el panorama es todo menos alentador. ¿Hay manera?

Limitación por la visión de futuro. No está fácil buscar trabajo en un país donde todas las opciones laborales que se ajustan a lo que me dio por estudiar se ven truncadas por la realidad política. He tenido que buscar alternativas, en las cuales, sí, aprendo cosas nuevas, pero no se ajustan a mi plan original y hasta me atrevo decir ¿sueños? Ni hablar de comprar un apartamento, un nuevo carro, viajar a los lugares que muero por conocer.

Pero nací a finales de los ochenta en Venezuela: estoy aquí y ahora no me puedo ir. Emigrar no es la respuesta. Y muy en el fondo tampoco quiero. Salir porque “este país es una mierda” es un trapo caliente que aguanta la fiebre por unos meses nada más. Hay que buscar otras opciones. Acepto sugerencias. Sigo buscando mi oportunidad dentro de la crisis.

Mientras tanto estoy en la terraza de mi casa en un sábado un poco nublado, con la brisa pegándome en la cara, rodeada del monte tropical, con el Ávila a mis espaldas, escuchando el escándalo de las guacharacas al momento que pasan cuatro guacamayas al frente. Estoy acompañada por mis tres perritas y dos morrocoyes, mientras me como una arepa con queso de mano y me tomo mi café. Arriba está mi familia, mi hermano echando broma. Me dicen para ir a la playa, a lo mejor vaya. Siempre alguien lleva amigos de amigos y al final terminamos todos bailando siendo amigos.

El día aclara. Espero que mi futuro también.

 

[1] Cifra extraída del estudio anual sobre el homicidio en el mundo elaborado por la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, el cual se basa en números oficiales. De tal modo, probablemente sea muy tímida.

 

Viejos, nuevos y los mismos tiempos

He vivido 26 años en Caracas y puedo decir que no la conozco. Sí, vivo en ella, me ubico, pero no me bajo de un carro, rara vez camino, no observo detalles y lo menos que quiero es perderme. La única ocasión en la que me tomo mi tiempo es cuando me atrapa el tráfico y la experiencia dista de ser relajante. No dejo de pensar en que seré la próxima víctima del hampa demasiado común.

Ravi Shankar recordándome a vivir sin estrés durante una cola caraqueña

La inseguridad me aleja de las calles. No exploro mi ciudad como cuando viajo a otras urbes, donde camino, observo detalles, intentando ser más que una turista…en Caracas soy precisamente eso.

¿Quieres hacer un tour guiado por el centro de Caracas?

Dije sí desechando la idea inculcada de que el centro equivale al Mordor venezolano.

 Explota la burbuja 

Veo otra ciudad cuando salgo de la estación, estoy en otro territorio. “Cuidado con el celular”. Caminamos: malos olores, mucho ruido, mucho alboroto. Gente gritona, emprendedora, creativa, musical, dulcera, impaciente. Venezolanos en fin.

Chicha legendaria

Chicha legendaria en la Plaza El Venezolano

Subimos al Calvario y es un oasis en medio de una jungla de concreto, smog, ruido y gente. Me imagino a las señoritas de otros tiempos con sus faldas largas y sombrillas delicadas sobre el hombro, mientras los caballeros las cortejaban con rosas rojas de Galipán en mano.

El Calvario, oasis citadino

El Calvario, oasis citadino

Camino y observo detalles.Vamos al mirador y vemos una panorámica perfecta de toda Caracas. El desorden de la idiosincrasia venezolana se ve reflejado en el urbanismo. No hay estructura. “Mientras vamos yendo, vamos viendo” pareciera ser la premisa que guía el crecimiento de la ciudad. Vemos la gran variedad de obras arquitectónicas insignes que en su momento fueron modelo a seguir y símbolos de innovación y vanguardia.

Huellas

Bajamos. Plaza O’Leary, Teatro Municipal, Centro Simón Bolívar, Casa de las Primeras Letras, Iglesia de San Francisco, la Plaza El Venezolano, muchas otras avenidas y calles. Si bien muchos de estos sitios se encuentran recuperados, otros revelan lo que fueron, lo que dejaron de ser. Lugares de formal importancia, pero que como nuestra moneda, se han devaluado progresivamente con los años.

Las calles y paredes de mármol nos cuentan sobre otros tiempos de abundancia y de nuevo riquismo cultural. Ni una placa de mármol se conserva limpia, todas están sucias e inclusive ralladas con graffiti. Símbolo de derroche, inconsciencia, desapego, tal vez ignorancia. Simplemente no duele, porque fue fácil.

Las calles, la arquitectura y el urbanismo nos relatan cómo Caracas fue fundada en tiempos de capitanía general y cómo fue creciendo. Luego nos ilustran sobre otros períodos de orden y progreso a correazos acompañados de inyección estatal para elevar la autoestima nacional. Finalmente exponen nuestros días de populismo y culto a la personalidad.

Caminamos por  espacios dedicados a damnificados con sus correspondientes identificaciones partidistas. Pósters pegados por doquier, graffitis, plazas, monumentos, retratos que acompañan los sitios turísticos, uniformes rojos, el rojo en todas pares y “la mirada” que aparece cada cierto tanto.

Cuartel de la Montaña

Cuartel de la Montaña

El Panteón Nacional es víctima de la lucha entre el pasado y el presente: legado colonial versus legado socialista. Ambos son expresiones de caudillismo compitiendo por quién le rinde más culto a la figura impuesta como el dios venezolano.

Lucha arquitectónica

Lucha arquitectónica

De regreso a la burbuja 

Regresé contenta de haber hecho el recorrido. Conocer algo diferente a lo rutinario. Intentar entender.

No éramos de la zona y tampoco chavistas, pero por unas horas, también el centro de Caracas fue nuestra ciudad y pude ser más que una turista …por lo menos por un día. Somos iguales, parecidos, muy diferentes, demasiado distintos -todo al mismo tiempo.

Caracas es una huella de la confrontación aún (y quién sabe si siempre) vigente entre el anhelo de civilización y nuestros instintos intranquilos, desordenados y agresivos.

A pesar de que nada es eterno y todo constantemente cambia, al mismo tiempo muchas cosas permanecen siendo las mismas: no importa la época, no importa quién mande. Fuimos, éramos, somos otra cosa, pero también seremos la misma. Ahí seguirán los cimientos como jeroglíficos para recordarnos la historia.

 

¿Chávez = pueblo = yo?

Cuando yo los veo, cuando ustedes me ven, ya yo siento algo que me dice: Chávez, ya tú no eres Chávez. Tú eres un pueblo. Chávez se hizo pueblo (…) Ya yo no soy (…) yo soy un pueblo, y ustedes, así lo siento yo, yo me siento encarnado en ustedes.[1]

-Hugo Chávez,  12 de julio de 2012

Estaba pasando por el semáforo ubicado en la esquina del Museo del Transporte que cruza con la Avenida Francisco de Miranda. Me tocó en rojo. Unos artistas de calle, durante los segundos que la dinámica urbana les permite, estaban haciendo sus actos circenses. Una vez terminado el entretenimiento relámpago, sobra un reducido tiempo para colectar alguna propinita de algún espectador. Cuando veo a uno de los muchachos acercarse, me doy cuenta que en su camiseta sin mangas, ya degastada, se encuentra escrito con marcador negro: “YO SOY CHAVEZ”.

Yo soy Chávez, yo soy Chávez. No es nada nuevo, pero aún me sigue asombrando cuando esa oración tan simple, esas tres palabras, se me aparecen literalmente ante los ojos. Empiezo a pensar. Chávez es sólo uno. Una persona sólo puede ser esa persona como ser contingente que existe o existió. La manera en que uno pueda decir que también es otra persona es si siente que ese ser perdura o vive en espíritu o en ideas dentro de uno. ¿Complicado, no?

Ya durante los 14 años del gobierno del Presidente, se sabía que una noción fundamental que sustenta el pensamiento chavista, es que “Chávez es el pueblo”. Si no estoy equivocada, esto significa que el Presidente encarnaba a su pueblo seguidor. El pueblo se identifica con él, y él a cambio se encargaba de defenderlos y de luchar por ellos.

Oscar Schemel ha manifestado que ya no son solamente vínculos afectivos los que unen a las clases populares con el líder, sino que éste se ha venido transformando en una figura religiosa, debido a que el Presidente carismático ha reivindicado la condición popular y ha acobijado la esperanza por un futuro mejor. Sin embargo, no debe subestimarse que también hay una dimensión racional y política que sustenta tal seguimiento; un respaldo basado en la identificación con el modelo de gobierno y con la visión de país que promulga el chavismo.

Durante la campaña presidencial del año 2012, la consigna principal era “Chávez, corazón del pueblo” (¡Qué buena era esa canción! Oh, Hany). Aquí se refuerza esta identificación del pueblo chavista – Chávez: una relación emocional, en la que se hablaba de amor hacia ese pueblo necesitado. Las consignas podrán ser frases cortas, pero si son efectivas, están cargadas de un significado importante y de un mensaje trascendental. Chávez gana las elecciones. En mi opinión, el elemento emocional expuesto en la campaña fue un factor principal que aseguró la victoria electoral, aunque no único -tema que ahora no viene al caso.

10 de enero de 2013. Si antes se subestimaba la ideologización al Presidente, en este día no hubo lugar a dudas que es una realidad. En una entrevista con César Miguel Rondón, la antropóloga Michelle Ascencio, estudiosa de la religiosidad como hecho popular, trató el tema con profundidad. Ella habla de que esta concentración simbolizando la toma de posesión, que luego se transforma en ceremonia, tuvo el objetivo de entronizar la deidad representada en Chávez. Hubo una especie de trance místico, a través del cual cada uno de los asistentes recibió un poco del Presidente. Es decir, la deidad entró en cada uno, por lo que la divinidad se inserta y vive en cada uno. “Yo soy Chávez”. Se refuerza así la creencia de que Chávez está en el pueblo, y por ende el pueblo manda y puede legitimar al gobierno a través de esta inusual (ilegal, si así lo prefiere) toma de posesión.

Pasemos a los funerales. A pesar de que ya se retiró la propuesta, Nicolás Maduro en su momento anunció el embalsamiento de los restos del Presidente para que quedara abierto eternamente a fin de que el pueblo pudiera tenerlo por siempre en el Museo de la Revolución. Chávez gana epítetos como “Líder Supremo” en sus múltiples ceremonias (¿Corea del Norte, Kim Il-sung, el “Presidente Eterno”?). Sus subordinados hablan de que Chávez es su padre y que todos somos hijos del difunto Presidente. Y como la evidencia empírica demuestra- las colas de 18 horas que el pueblo seguidor aguantó para dar el último adiós-, ese culto a la personalidad tuvo efecto.

Comparto con Schemel en que el pueblo chavista también sustenta su seguimiento en razones más racionales relacionadas al proyecto político. Sin embargo, no puede negarse que la estrategia de enaltecer a Chávez como deidad y ser supremo, esté motivada por fines pragmáticos para asegurar el poder o porque verdaderamente lo consideren así, ha inspirado un seguimiento especial, sobrenatural inclusive.

El elemento místico-religioso del chavismo no puede obviarse, especialmente teniendo unas elecciones en unas pocas semanas. ¿Cómo se puede medir la influencia de un culto en términos electorales, aun cuando el sujeto del culto ya no esté presente? ¿Cómo se le hace contrapeso a una creencia fuertemente enraizada en el plano espiritual y no en el material? Delicado, muy delicado.

Referencias:

Entrevista a Oscar Schemel extraída el 21 de marzo de 2013 de http://www.25segundos.com/?id=29038&ids=1&accion=deta

Entrevista a Michelle Ascencio extraída el 21 de marzo de 2013 de http://www.unionradio.net/exitosfm/visornota.aspx?id=12057

Acto de campaña del Presidente Chávez en la ciudad de Barcelona extraído el 21 de marzo de 2013 de http://www.youtube.com/watch?v=DmIwRGInWDc

Declaraciones de Nicolás Maduro extraídas de https://www.youtube.com/watch?v=_gzOi7Rzles

Noticias24 (10 de enero de 2012).  En fotos: “Chávez soy yo”, el lema de los jóvenes que acudieron a la cita en Miraflores. Extraído el 21 de marzo de 2013 en http://www.noticias24.com/fotos/noticia/5017/en-fotos-chavez-soy-yo-el-lema-de-los-jovenes-que-acudieron-a-la-cita-en-miraflores/


[1] Discurso extraído de un acto de campaña presidencial http://www.youtube.com/watch?v=DmIwRGInWDc

Feliz Día Internacional de la Mujer

Poniendo en práctica mi realidad cotidiana, el viernes pasado fui a una peluquería en Caracas para “hacerme manos y pies”. Era día de luto nacional y por lo tanto el establecimiento estaba casi vacío: de hecho, habían más muchachas del personal que clientas. De tal manera que las trabajadoras podían hablar tranquilamente mientras una de ellas me atendía.

La conversación empezó siendo muy trivial: “¿qué hiciste la semana pasada?; ¿fuiste a tal fiesta?; no sé quién esta gordíiiiisima, ¿qué le paso?”. Normal, pensé. Es una constante en toda sociedad femenina que se critique la repentina subida de peso de una conocida.

Sin embargo, minutos más tarde, el tema de conversación cambió radicalmente. “Te tengo un chisme”. A pesar de que las muchachas comenzaron hablando en un tono muy bajo, después fue como si mi presencia no molestara y no tuvieron tapujos en hablar con detalle sobre lo que había pasado.

“X está embarazada”. Palabras más, palabras menos, el cuento fue así: una compañera de trabajo y vecina de ambas, resulta que salió encinta de su tercer hijo, pero de un hombre distinto al padre de su segundo niño. El padre de su último hijo es un “malandro piedrero”. “Que loca está para parirle a un hombre así”. Luego prosiguieron a contar que la madre de la muchacha estaba muy molesta, y “se cayeron a cachetadas el otro día en la redoma, ¿no te enteraste?”. El último detalle alarmante de la conversación fue que X no pasaba los 21 años de edad.

Saquemos cuenta entonces: una joven de 21 años con tres hijos, unida a un delincuente, y participante en hechos de violencia intrafamiliar.

El relato si bien me estremeció, también me hizo pensar que situaciones así no son atípicas en la Venezuela actual. He leído casos similares en artículos sobre violencia doméstica o en la sección de sucesos en la prensa. Por ejemplo, la crisis del antiguo centro penitenciario La Planta en El Paraíso comenzó luego de que un reo asesinó  por celos a su novia veinteañera embarazada de su hijo quien ya era madre de dos niños.

El viernes pasado fue el Día Internacional de la Mujer y no pude evitar pensar en la conexión entre esta jornada de celebración y el hecho que presencié. ¿Cómo puede avanzar una sociedad en términos de educación, progreso económico y cultura, si gran parte de las niñas y mujeres venezolanas viven y se educan en tal contexto? ¿En qué condiciones habrá crecido X para que su vida resultara de tal manera? ¿Qué será de la vida de los hijos de X? Sus modelos de referencia: una madre muy joven con hijos de distintos hombres; un padre que si se mantiene presente pondrá de ejemplo actividades delictivas y si se ausenta, deja a su niño sin una figura paterna; la violencia intrafamiliar como un medio normal para resolver conflictos.

En ninguna forma pretendo creerme superior o generalizar vilmente a las mujeres que viven en situación de pobreza: estoy segura que hay muchas madres jóvenes en los barrios que trabajan y crían a sus hijos con valores y amor. No sé qué estímulos ambientales habrá recibido X, ni qué vida ha tenido para llegar a tal situación. Simplemente agarro este caso para reflexionar sobre las implicaciones sociales de tener mujeres sin educación sexual y sin estructuras familiares fuertes: la crianza de niños que pueden ser potenciales delincuentes y niñas que repitan los mismos patrones de generación en generación.  No sorprende entonces como problemas (la inseguridad) surgen y se afianzan en la sociedad venezolana.

Muchas preguntas saltan en mi cabeza. ¿En qué momento comenzó esta crisis y cómo se puede salir de ella? ¿Por qué en el contexto de la pobreza hay mujeres que sí logran criar a su familia motivando la superación de sus hijos, mientras que hay otras cuyas historias tienen un triste desarrollo y desenlace? ¿Qué hace la diferencia? Queda a la imaginación la cantidad de problemas que pudieran evitarse o solucionarse a través de la educación y el apoyo a las niñas en situación de pobreza.

Para terminar dejo la siguiente reflexión:

Women aren’t the problem but the solution. The plight of girls is no more a tragedy than an opportunity.

-Half the Sky, por Nicholas D. Kristof y Sheryl Wudunn

(Las mujeres no son el problema, sino la solución. La situación de las jóvenes no es más una tragedia que una oportunidad.)

También recomiendo ver un video de la organización The Girl Effect (en inglés): http://www.youtube.com/watch?v=WIvmE4_KMNw

Citizen self-esteem

 

Recuerdos de “Un Cariño para mi Ciudad”. Extraída de http://www.panoramio.com/photo/63692506

Man must leave the state of nature in which he follows the whims of his imagination, and join with all other (…) undergoing a legal public external constriction (…) everyone should (…) enter a civil state.

-Immanuel Kant[1]

A few months ago I was driving on a main avenue in Caracas. I had the green light. However, this did not mean anything to another driver who did not respect my turn and crossed the very busy road at 6 p.m. Although the event bothered me, it did not surprised me, since situations like these are fairly common in my city. People give a damn about traffic lights. I just thought: “If that crazy person were in Miami, he/she would have never thought of doing that”.

Why is there such a behavior? The quasi-automatic explanation can be found in the reigning impunity. According to 2011 official reports, out of 867.004 processed cases, 71% were dismissed, 20.5% were filed away because of lack of evidence, and only 8.2% concluded in accusations (p. 19). This means that in 2011 91.8% of the cases brought to justice remained unpunished.

Despite the Venezuelan tendency to redact a regulation for every single event (the Constitution is very prolific with 350 articles, for example), people do not feel obligated to follow the law, simply because no punishment will be found.

Even though impunity can explain anomy, it is also a simplistic way to observe the problem. Without justifying the irresponsible governmental inefficiency that allows impunity to increase, people do not cooperate either. Please note that I am talking about people, and not citizens.

According to Jordi Borja and Zaida Muxi (2000), citizenship is a status that recognizes the same duties and rights for everyone who lives and coexists in the same territory (p.64).

Situations like the one described at the beginning, not only indicate that there is no efficient law enforcement, but that also the inhabitants of this city (regardless of social status) do not comprehend the meaning of citizenship, which is very costly to coexistence and society building.

Here is another clear example. When there’s traffic in freeways in Caracas, some people go into the berm and at the end of it they cut in line, which results in even heavier traffic. In a particular road, several police officers were stationed in order to prevent such behavior. So, 3-4 policemen are being used because some drivers won’t follow basic traffic rules. Taking into account the high personnel deficit in police corps which can go beyond the 300%, it is absurd that these officers are simply watching over some freeloaders, instead of taking care of more urgent situations. Then the same people that cut in line are the ones who complain about how inefficient the police are.

Venezuela has many problems that darken a positive future, i.e. insecurity, inflation, corruption, political prisoners, invasions, poor infrastructure, and an infinite etc. However, the non-citizens inhabitants make things worse. “No one should be more interested in the conditions of his/her environment than the ones who live in it. But this does not always occur” (M. Clavier, 2003, p. 164). If we truly appreciated our city and our fellow citizens, if we had citizen self-esteem, perhaps Caracas would be a kinder city. We might not solve problems out of our reach, but we can be responsible for our own actions in order to enter a civil state, where the law is followed and rights are respected.

Referencess:

Borja, J. y Muxí, Z. (2000): El espacio público, ciudad y ciudadanía. Recuperado el 3 de febrero de 2013 en http://pensarcontemporaneo.files.wordpress.com/2009/06/el-espacio-publico-ciudad-y-ciudadania-jordi-borja.pdf

Clavier, M. (2003): Ciudadanía Activa. En Universidad Metropolitana, Entorno Urbano II. 2001-2007. Maestría en Diseño Urbano. Caracas: Universidad Metropolitana.

República Bolivariana de Venezuela, Ministerio Público, Despacho de la Fiscal General de la República (2012). Informe Anual 2011 a la Asamblea General. Recuperado el 3 de febrero de 2013 en http://www.mp.gob.ve/c/document_library/get_file?uuid=c9efb1a0-93db-4320-8c9f-be4d1a49397b&groupId=10136.

Image “Un Cariño para mi Ciudad” of http://www.panoramio.com/photo/63692506


[1] Cited in Bobbio, N. (1989): Estado, Gobierno y Sociedad. México D.F.: Fondo de Cultura Económica. (pp. 57-58)

Autoestima ciudadana

Recuerdos de “Un Cariño para mi Ciudad”. Extraída de http://www.panoramio.com/photo/63692506

Recuerdos de “Un Cariño para mi Ciudad”

El hombre debe salir del estado de naturaleza, en el que cada cual sigue los caprichos de su fantasía, y unirse con todos los demás (…) sometiéndose a una constricción externa públicamente legal (…) cada cual debe (…) entrar en un estado civil.

-Immanuel Kant[1]

Hace algunos meses iba manejando en una avenida principal de una zona clase media en Caracas. Tenía el semáforo en verde. No obstante, esto no significó nada para un conductor que cruzó atravesando la vía principal bien transitada, aproximadamente a las 6 de la tarde. Me dio mucha rabia, pero en estos días tales situaciones son tan comunes que no me ocasionó especial alarma. Solamente pensé: “Si estuviera en Miami, ese loco ni se le hubiese pasado por la cabeza hacer eso”.

¿Por qué entonces tal comportamiento? La explicación casi automática se le puede atribuir a la impunidad reinante. Según el informe del Ministerio Público (2012) correspondiente al año 2011, de 867.004 causas tramitadas, 71% fueron resueltas por sobreseimiento, 20.5% fueron archivadas por falta de pruebas, y 8.2% concluyeron en acusaciones (p.19). Esto significa que 91.8% de los casos no tuvieron tratamiento completo; esto es, hubo un 91.8% de impunidad.

A pesar de que en Venezuela se tenga una de las constituciones más largas y se redacten reglamentaciones para casi todo (revisen las gacetas oficiales diarias), lo común es que la gente no sienta obligación alguna por seguir las leyes, porque muy probablemente no va a encontrar ningún castigo.

Pero si bien esta explicación es bastante lógica, es un tanto simplista. Sin ninguna intención de justificar la ineficiencia gubernamental generalizada que es bastante irresponsable, la gente tampoco pone de su parte. Cabe destacar que estoy hablando en términos de gente, y no de ciudadano.

Según Jordi Borja y Zaida Muxí (2000), “Entendemos por ciudadanía un status que reconoce los mismos derechos y deberes para todos los que viven – y conviven- en un mismo territorio (…)” (p.64).

Situaciones como la narrada al inicio, no solamente apuntan a que no hay imperio eficiente de la ley, sino que también los habitantes de una ciudad (sin importar status social y zona donde residan), no comprenden la ciudadanía, lo cual cuesta muy caro en términos de convivencia y funcionamiento normal de una sociedad.

Otro ejemplo claro de esto se ve en la autopista subiendo hacia el Túnel de La Trinidad. Debido a que la gente continuamente transitaba por el hombrillo para maleducadamente colearse al llegar al túnel, varios oficiales tuvieron que instalarse a fin de detener tal comportamiento y multar a quienes erraran. Es decir, se está disponiendo de unos 3 o 4 policías, porque los conductores no cumplen una norma básica de tránsito. Teniendo en cuenta el déficit policial que típicamente se ubica en el 300%, es descabellado que los funcionarios estén meramente “poniéndole el ojo a los vivos”, mientras pudieran estar ocupándose de otras situaciones más urgentes. Después la misma gente que se colea se queja de la ineficiencia policial.

Si bien Venezuela está plagada de problemas que opacan la visión de futuro en el país (inseguridad, inflación, escasez, corrupción, presos políticos, invasiones, huecos en la calle, tráfico insoportable, y un infinito etc.), cuyas resoluciones efectivamente dependen de las autoridades gubernamentales y no de la persona común, los habitantes no-ciudadanos empeoran el escenario.

“Nadie debería estar más interesado en las condiciones de su entorno que los que viven en él, pero esto no siempre ocurre” dice acertadamente María Eugenia Clavier (2003, p. 164). Si de verdad valoráramos a nuestra ciudad y a sus ciudadanos, si practicáramos autoestima ciudadana, tal vez podríamos tener una Caracas menos inhóspita. No podremos resolver los problemas cuya solución están fuera de nuestro alcance, pero sí podemos ser responsables por nuestras propias acciones para entrar en un estado civil, donde haya respeto, cumplimiento de deberes y garantía de derechos.

Referencias:

Borja, J. y Muxí, Z. (2000): El espacio público, ciudad y ciudadanía. Recuperado el 3 de febrero de 2013 en http://pensarcontemporaneo.files.wordpress.com/2009/06/el-espacio-publico-ciudad-y-ciudadania-jordi-borja.pdf

Clavier, M. (2003): Ciudadanía Activa. En Universidad Metropolitana, Entorno Urbano II. 2001-2007. Maestría en Diseño Urbano. Caracas: Universidad Metropolitana.

República Bolivariana de Venezuela, Ministerio Público, Despacho de la Fiscal General de la República (2012). Informe Anual 2011 a la Asamblea General. Recuperado el 3 de febrero de 2013 en http://www.mp.gob.ve/c/document_library/get_file?uuid=c9efb1a0-93db-4320-8c9f-be4d1a49397b&groupId=10136.

Imagen “Un Cariño para mi Ciudad” de http://www.panoramio.com/photo/63692506


[1] Citado en Bobbio, N. (1989): Estado, Gobierno y Sociedad. México D.F.: Fondo de Cultura Económica. (pp. 57-58)