Mi biblioteca

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Literatura latinoamericana

Horacio Quiroga – Cuentos

Horacio Quiroga – Cuentos de la selva

Mario Vargas Llosa – La Fiesta del Chivo

Mario Vargas Llosa – Obra reunida. Narrativa breve.

Mario Vargas Llosa – La ciudad y los perros

Mario Vargas Llosa – La Tía Julia y el Escribidor

Gabriel García Márquez – 100 años de soledad

Gabriel García Márquez – Del amor y otros demonios

Gabriel García Márquez – El general en su laberinto

Gabriel García Márquez – Relato de un náufrago

Julio Cortázar – Rayuela

Andrés Kilstein – Moloko Vellocet

Carlos Fuentes – El naranjo

Carlos Fuentes – Aura

Roberto Bolaño – Los detectives salvajes

Alejo Carpentier – El siglo de las luces

Antología de cuentos latinoamericanos (Alfaguara)

Pablo Neruda – El río invisible

Isabel Allende – La casa de los espíritus

Isabel Allende – Paula

Isabel Allende – Inés del alma mía

Isabel Allende – Mi país inventado

Juan Villoro – Espejo retrovisor

Juan Rulfo – Pedro Páramo

Juan Rulfo – El llano en llamas

Jorge Luis Borges – Ficciones

Laura Esquivel – Como agua para chocolate

Ernesto Sabato – El túnel

Rubén Darío – Poemas selectos

Rubén Darío – Cantos de vida y esperanza

Octavio Paz – Posdata

Literatura venezolana 

Rufino Blanco Fombona – El hombre de hierro

José Ignacio Cabrujas – El día que me quieras

Elisa Lerner – En el entretanto

Guillermo Meneses – Antología del cuento venezolano

Teresa de la Parra – Memorias de Mamá Blanca

José Tomás Angola Heredia – Todas las ciudades son Isabel

José Tomás Angola Heredia – Los legajos del Marqués

Héctor Torres – El amor en tres platos

Héctor Torres – Caracas muerde

Arturo Uslar Pietri – Las lanzas coloradas

Antología de cuentos venezolanos – Cuentos sin palabrotas (Alfaguara)

Manuel V. Romero García – Peonía

Rómulo Gallegos – Doña Bárbara

Rómulo Gallegos – Cantaclaro

Rómulo Gallegos – Canaima

Francisco Suniaga – El pasajero de Truman

Francisco Suniaga – La otra isla

Rodrigo Blanco Calderón – Los invencibles

Miguel Otero Silva – Oficina no. 1

Francisco Herrera Luque – Los amos del valle

Francisco Herrera Luque – La luna de Fausto

Fedosy Santaella – Instrucciones para leer este libro

Fedosy Santaella – Terceras personas

Fedosy Santaella – Las peripecias inéditas de Teofilus Jones

70 años de crónicas en Venezuela (Cyngular)

Roberto Echeto – La máquina clásica

Ricardo Ramírez Requena – Maneras de irse

Mirtha Rivero – Historia menuda de un país que ya no existe

Ana Teresa Torres – Doña Inés contra el olvido

Federico Vegas – Ciudad vagabunda

Alberto Barrera Tyszka – Rating

Andrés Eloy Blanco – Giraluna

Joven Narrativa Venezolana

Literatura española 

Ildefonso Falcones – La Catedral del Mar

Miguel de Cervantes – Don Quijote de La Mancha

Quim Monzó – Ochenta y seis cuentos

Ricardo Menéndez Salmón – Niños en el tiempo

Federico García Lorca – Bodas de sangre

José Zorrilla – Don Juan Tenorio

Lope de Vega – Fuenteovejuna

Literatura internacional 

Qais Akbar Omar – A fort of nine towers

Ernest Hemingway – Fiesta: The Sun Also Rises

William Shakespeare – Romeo and Juliet

Mary Shelley – Frankenstein

Moshe Kasher – Kasher in the rye

James Joyce – Ulysses

Simone de Beauvoir – The woman destroyed

Aldous Huxley – Brave New World

J.D. Salinger – Catcher in the Rye

Edgar Allan Poe – El gato negro y otros cuentos

F. Scott Fitzgerald – The Great Gatsby

Nick Hornby – About a boy

George Orwell – 1984

George Orwell – Animal Farm

George Orwell – Burmese Days

Jonathan Swift – Gulliver’s Travels

Gustave Flaubert – Madame Bovary

Alejandro Dumas – La Dama de las Camelias

Emile Zola – Nana

Eugene Ionesco – La cantante calva

Voltaire – Cuentos

William Golding – Lord of the Flies

Mark Twain – Las aventuras de Tom Sawyer

Mark Twain – Las aventuras de Huck Finn

L.M Montgomery – Anne of Ingleside

L.M Montgomery – Anne of Green Gables

L.M Montgomery – Anne of Avonlea

Franz Kafka – La metamorfosis

Alexandr S. Pushkin- Narraciones completas

Alexandr S. Pushkin – La hija del capitán

Máximo Gorki – La madre

Alexander Solschenitzin – El primer círculo

Sófocles – Edipo Rey

Sófocles – Antígona

Eurípedes – Medea

Homero – La odisea

Michael Ende – Momo

 

P.S: no los he leído todos.

P.S2: algunos libros han sido hurtados de personas de confianza que ni se dieron cuenta que ya no los tienen.

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DEUDA CANCELADA

rope about to break

A propósito del Pasajero de Truman

“Bueno, y se volvió loco”. Más o menos fue así. En mi clase de Historia de Venezuela la explicación del profesor fue palabras más, palabras menos, algo similar. Nunca se supo bien qué sucedió, cuál enfermedad padeció; el diagnóstico se guardó con hermetismo. Loco: calificación simple y simplista.

Escalante sería la figura de la transición hacia la democracia emanada del consenso entre factores políticos divergentes. Representaba la esperanza hacia tiempos de progreso. Me lo imagino como aquellos señores cuya elegancia le otorga el epíteto automático de hombre respetable. Un personaje tan estimado y correcto que luego sería envuelto por la tragedia y recordado por enloquecer antes de llegar a la presidencia.

Tengo mis reservas con las novelas históricas, pues los límites entre ficción y realidad, poesía y hechos, imaginación y documentación, se difuminan. La objetividad es una cosa inalcanzable y la novela histórica se arriesga a profundizar aún más la confusión entre lo que sucedió y lo que la mente humana absorbe, interpreta y transmite.

Me molesta el uso excesivo de la primera persona. Es como cuando alguien habla mucho de sí mismo sin mostrar reciprocidad. Los monólogos no me encantan. Después de un rato, la unicidad fastidia y comienzo a extrañar los destellos de misterio que suelen invocar los narradores en tercera persona.

Pero seguí leyendo y comprendí… Entendí que todos somos humanos: todos dudamos de nosotros mismos, olvidamos apreciar nuestros logros, nos concentramos más de lo que deberíamos en los fracasos, nos obsesionamos con lo que nos falta y otros tienen, fallamos en aceptarnos tal cómo somos con nuestras virtudes y cualidades ausentes.

Entendí que nadie está exento de una desgracia, que hasta los más insignes flaquean y que las enfermedades no discrepan.

La historia fue injusta con Diógenes Escalante. Lo trágico se volvió un chisme y opacó lo admirable. “Loco, se volvió loco” y ahí fue. Ni sus cercanos trataban de rescatar tiempos anteriores.

Y resulta que no era el único enfermo. Cuando la estabilidad institucional de todo un país depende de una sola persona, el sistema político es débil y no logra su cometido. Venezuela también sufre de complejos no resueltos que generan conductas erráticas.

Hay cuentas por saldar. El Pasajero de Truman cancela la deuda con empatía e inclusive con poesía.