Señor ángel

Vi a través de la ventana y me pareció que estaba ante esas mañanas que no quieren terminar de arrancar. En fin, arranqué yo y empecé con mi rutina. Me visto, tomo café, hago mi lonchera, salgo.

Entro al carro y sintonizo a César Miguel Rondón como todos los días. Cuando empieza la sección de salud, cambio la estación. (Las conversaciones sobre enfermedades me producen grima en las manos e hipocondría en el coco).

Me río a carcajadas yo sola con las locuras que se le ocurren a los locos locutores de Calma Pueblo. Y en eso…luz roja en el tablero. La temperatura sube y sube. Me orillo en plena autopista (después de maldecir unas cuantas veces) y comienzo a realizar las respectivas llamadas. A los 30 segundos, llega un ángel del cielo en forma de un abuelo gruero.

-¿Se accidentó? Déjeme auxiliarla.

Decido.

-Bueno, señor se me recalentó el carro. Si me puede llevar al taller mejor.

Monto el carro. Con mi cartera y lonchera me bajo del piso superior con la ayuda cabellerosa del señor ángel. Nos ponemos a andar. A cada comentario que le hago, responde con un “¿AH?”, voltea la cara hacia mí, mientras se coloca la mano sobre el oído izquierdo como si fuera una concha marina y quisiera escuchar el mar.

-Mire, aquí va a ver el hueco que tranca toda la autopista. Si ellos pasan y ven que eso está ahí, ¿por qué no lo arreglan? Ah, no. Lo único que saben hacer es pelear.

Empieza la conversación de política. No cree ni en el gobierno ni en la oposición. La cosa está dura, pero piensa que todos son igualitos. Nada mejoraría. Lo veo con tristeza y dejo que continúe.

-Fíjese, yo recuerdo desde Pérez Jiménez.

Me cuenta que siempre ha vivio en el Alto Hatillo y que en esa época luego del toque de queda a las 6pm, observaba las luces en La Carlota y escuchaba el intercambio de tiros.

-Cuando cayó, eso fue una fiesta.

Con mucha seguridad, afirma que Leoni fue el último presidente por quien se puede poner las manos al fuego.

-Ni Caldera, ni Carlos Andrés Pérez, Lusinchi le dió todo a Blanca Ibáñez y el copeyano éste gordo…

-¿Luis Herrera Campins?

-Exactamente, ni Herrera Campins. Todos robaron, regalaron, en vez de trabajar con el pueblo. Y ahora, pfff…

Habla mucho de la cuarta y casi nada de la quinta. Pero se nota. Creyó en el discurso, pero luego las acciones no estuvieron a la altura de las palabras y aquí estamos.

-Pero Venezuela es hermosa, ¿oyó? Yo conozco una señora alemana que aquí se quedó. Ella me cuenta que allá en Alemania uno da un paso y el otro se va tres pasos atrás. Igualito en Estados Unidos.

En eso, pasa una camión al lado y los señores que iban dentro gritan un “ejeeeeeee”.

-Ja, me asustaron. Esos son familia mía.

Llegamos al taller y hablamos del pago. No quiere saber de transferencias, quiere efectivo. La chequera no la cargo conmigo, está en mi casa.

-No importa, yo la llevo.

Me pregunta mi nombre.

-¿Natalia? Como la canción.

Tararea y se ríe. Observa que el clima está fresco, pero nunca como antes. Ve hacia la distancia.

-Antes en la mañanita desde El Hatillo todo eso parecía nieve. Blanquito por la neblina.

Me pinta la película con la mano.

Sigue echándome cuentos. Su abuelo era analfabeta; su familia es enorme (como 800); antes se casaban primos con primos; su mamá y sus tíos tenían una herencia de 600 millones de bolívares que -lo que pude entender- el gobierno se robó.

Llegamos. Subo a mi casa y busco la chequera. Le escribo un numerito superior en el cheque.

-Estamos a la orden. Cualquier cosa que necesite me llama. Acuérdese, Julio Centeno.

Está bien, señor ángel.

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La lluvia es relativa

Algunas cosas no producen los mismos efectos en todo el mundo.

Eran las 4.45 p.m. de un viernes; tan sólo quince minutos para la estampida hacia el fin de semana.

–¡Ay qué ladilla! Comenzó a llover.

Dios había abierto el grifo y olvidó cerrarlo. Y como cosa rara en este país, nadie cargaba un paraguas. Se podía observar las gotas gruesas golpeando los vidrios de las ventanas. A la distancia se divisaba el muro de agua que se acercaba a toda velocidad desde el valle.

En la oficina una muchacha caminaba con los hombros caídos y los brazos pesados. Miraba la nada mientras hacía una mueca de fastidio con los labios. Un compañero se paró al lado de ella.

–¿Qué se hace, no? –tomó un sorbo de su taza de café con una foto de los Beatles. Era difícil escucharlo con claridad. El agua golpeaba con una rabia resentida.

Se encogió de hombros y rumió algo incomprensible. No tenía muchas ganas de hablar. Ya el día se le había trastocado y estaba de mal humor. Estaba considerando salir de todos modos. Imaginó sus zapatos rosados, sus favoritos, mojados del agua inmunda que formaban pequeños lagos en los cráteres de las calles de Plaza Venezuela que nadie se dignaba a reparar.

–¡Mira!

Ella despertó de su debate interno y miró hacia donde el dedo de su compañero señalaba.

*****

–Va a llover.

Sus ojos negrísimos veían divertidos el cielo. Asomó una sonrisa compuesta todavía por dientes de leche. Los otros dos hermanos hicieron lo mismo. Las primeras gotas mojaron los cabellos de uno, la nariz del otro y la frente del tercero. El mayor les dio unas palmaditas en la espalda. Luego de señalar con la boca hacia un punto adelante y tras un intercambio de miradas cómplices, los tres rieron y salieron corriendo.

Las clases aún no habían comenzado. Por decreto oficial, se había atrasado el inicio del año escolar un par de semanas más. Eran días de marchas y contramarchas y los dueños de Venezuela estimaron que la acentuada convulsión política ponía en peligro la calle y la seguridad de los niños. Cosa boba, pues para nadie es secreto que las calles caraqueñas no necesitan marchas para ser peligrosas.

El campamento de los niños además había terminado y quedarse encerrados en casa no era opción. La televisión era aburrida y su madre, terca y suspicaz de los nuevos inventos, decidió nunca invertir plata en videojuegos. No quería hijos con el cerebro frito. Debían gastar energías de otra manera, y sin colegio ni campamento, no quedaba otro sitio que la calle. Conocían su ciudad y juntos podían contra todo.

Todo el mundo había desaparecido; nada más se veía una señora corriendo con una bolsa de supermercado en la cabeza a la distancia. La lluvia había ahuyentado el caos que normalmente adornaba Plaza Venezuela: transeúntes con el paso apurado, loquitos sucios con bolsas negras de basura, ventas de donas, café y cachapas atendidas por señoras enlicradas y barrigas al aire, el kiosco con el aviso que sin tapujos especifica “se alquila yesquero por Bs. 10”, mototaxistas ofreciendo sus servicios como mercaderes marroquíes mientras intercalan conversaciones acaloradas de política, policías con sus chalecos fosforescentes y las pistolas asomadas en el cinto por si acaso.

Los tres niños hicieron una competencia hacia el centro de la plaza donde estaba la fuente. No hubo dudas: se quitaron los zapatos y las camisas de algodón. Como canguros saltaron el muro para caer en el agua. Lo único que importaba era mojar a los demás con las manos, dejarse sumergir por unos segundos y luego imaginarse tan fuerte como Superman para correr con todas las fuerzas y vencer la resistencia del agua. Sus corazones retumbaban en sus pechos, se reían sin saber bien por qué y entre los juegos y las risas, sentían que se ahogaban de la felicidad. Estaban embriagados de un cansancio que no agotaba. La ciudad era de ellos. Los tres hermanos más fuertes que la tormenta.

*****

En la oficina ya varias personas se habían acumulado frente la ventana para ver tal espectáculo. Unos tomaban fotos, otros reían y un tercero los veía sin poder esconder la nostalgia en la mirada.

–Zoraida, ven a ver esto.

Zoraida observó y achicó los ojos para ver con mayor detenimiento. Luego alzó las cejas, abrió la boca como si le hubiesen dado una noticia inesperada y salió corriendo. Agarró su cartera de cuero falso y se despidió sin el ritual beso en el cachete del que nadie se salvaba. Tampoco pasó por el baño para echarse un perfumito y retocarse el peinado, el polvo y la pintura de labios. Llamó al ascensor y con un temblor en la pierna, esperó que el timbre anunciara su llegada.

*****

–¡Muchachos locos! Les dije que me esperaran, no que hicieran estos desastres. ¿Ahora cómo nos vamos a montar en el metro con ustedes mojados?

Uno a uno, los tres niños fueron saliendo de la fuente. Ya no se reían a carcajadas. Se vistieron y se pusieron sus zapaticos de goma. Su madre los llevó del brazo dirección hacia Sabana Grande a ver si conseguían una tienda donde vendieran toallas.

Mientras caminaban, los hermanos se veían de reojo y sonreían como grandes héroes que habían logrado una proeza prohibida.

Zoraida, emparramada y cuidando que sus hijos no la vieran, también asomó una sonrisita sin llegar a mostrar los dientes. En sus ojos también se escondía cierta nostalgia por algo que no precisaba.

SIN MIRAR ATRÁS

Foto para sin mirar atrás

—Me voy de esta mierda.

Dos meses después rodaba sus maletas por el Cruz Diez del Aeropuerto Simón Bolívar. Se despedía de una madre desconsolada y de un padre que aparentaba no estarlo.

En el momento, no sintió ni una pizca de sentimentalismo por el país que dejaba. Vivía con una intranquilidad constante. La paranoia no la dejaba en paz. Desconfiaba de todos en la calle. Nada más bastaba una mirada un tanto sospechosa para activar el pánico que detenía el tiempo y aceleraba su corazón al punto de escuchar los latidos sin poder percibir otro sonido alrededor. Corría mientras chequeaba maquinalmente que el celular, las llaves de su casa, la billetera y los cuadernos estuvieran dentro de su morral. Lo peor era cuando el miedo se acompañaba de una rabia defensiva: en este caso, la mirada de ella era lo que alejaba a las personas, dejándola sola en un vagón de metro o acera.

Ya no era la muchacha simpática, relajada y aventurera. Además, ya Graciela no pintaba.

Se montó en el avión y se fue lejos.

****

Consiguió trabajo en una cafetería donde servían postres de quínoa hechos con leche de almendras y ponían música tradicional de alguna aldea recóndita en Uganda. Tanto los que compraban como los que atendían, estaban adornados de piercings y tatuajes. Algunos tenían la cabeza rapada y otros el cabello pintado de rosado o morado.

Graciela no se veía como ellos; era extranjera, exótica, y por tanto interesante. Era la única que no tenía los ojos azules o verdes, sino negros. Su cabello oscuro, largo y rebelde era inusual. Su piel morena entre un mar de personas blanquísimas era el sello que la hacía resaltar.

Se sentía diferente, mas no intranquila. Aceptaba con naturalidad no pertenecer a ese sitio congelado, gris, sin dejar de ser hermoso. Las calles amplias y limpias la dejaban respirar. Caminaba y caminaba. Un paso tras otro, sin prisa, sin sorpresas, con una expresión plácida.

Con tan solo pasar algunas cuadras de la cafetería, aparecía ante ella una sabana cuyo horizonte era interrumpido por una pared de montañas adornadas con cascadas y árboles blancos. Una vez que se acostumbrara al frío, llegaría hasta allá.

****

—¿Y por qué estabas tan enojada?

—No lo sé. Sigo tratando de averiguarlo.

Graciela tomó un sorbo del té de lavanda con miel y colocó, con las dos manos, la taza caliente sobre la mesa de madera elegantemente desgastada. Ian la observaba como si fuera una célula bajo un microscopio.

—Pero bueno, ya estoy tranquila aquí.

—Mi madre decía lo mismo cuando vino. Allá siempre había tanto ruido que te hacía hablar a gritos, inclusive dentro de tu propia cabeza. Llegó acá y el ruido se transformó en un silencio: aburrido, pero… ¿cómo se dice?… balanced.

—Equilibrado.

—Equilibrado. Tú y ella me pintan el Caribe bastante mal.

Graciela sonrió y miró sus ojos grisáceos. Le divertía su gramática perfecta y acento sincrético.

****

 

—El arte nos conecta al pasado, es un producto del pasado. Sin embargo, no es un reporte fidedigno de la realidad, sino una representación y reinterpretación de un momento a través de la subjetividad del artista afectada por las fuerzas del contexto en el que vive. Una obra de arte es una captura del pasado al cual no podemos regresar, pero que nos cuenta cómo era el mundo antes. Es un sobreviviente del pasado que nos reconstruye un punto original.

El profesor hablaba en la primera clase de Graciela en la universidad. Pasaba diapositiva tras diapositiva: El nacimiento de Venus de Botticelli, La resurrección de El Greco, La encajera de Vermeer, La libertad guiando al pueblo de Delacroix, Recuerdo de Mortefontaine de Corot, La catedral de Rouen de Monet, El grito de Munch, La persistencia de la memoria de Dalí…Era historia del arte.

Todos los padres le dan a sus hijos cuando están pequeños, colores y hojas de papel para que dibujen cualquier garabato mientras ellos cumplen con sus rutinas ocupadas e inaplazables. Pintar es para cualquier niño una distracción finita. Graciela, en cambio, desde que tenía unos tres años, pasaba horas inmersa, sentada, pintando. Molestaba a sus padres sólo para pedirles más papel.

Quince años después escuchaba, atenta e inmóvil, las palabras del profesor que retumbaban en las paredes de ese salón amplio y templado. Sus manos aguantaban su cara, respiraba lento y profundo, mientras las pupilas de sus ojos se dilataban con cada diapositiva que pasaba. Como cuando calza la última pieza de un rompecabezas que tomó semanas completar, Graciela sintió con una sensación cálida en su pecho, que un momento importante estaba sucediendo.

Comprendió que el arte se convertiría en su vida.

****

Caminaba por el puerto de la ciudad. Era un día típicamente blanco con una brisa fría que le congelaba las mejillas y le aguaba la nariz. A pesar de haber comenzado la primavera, todavía seguía haciendo frío. Graciela tenía puesto un gorro grueso y una bufanda larga que le tapaba las orejas.

Andaba a paso rápido. No se acostumbraba aún al clima. Quería llegar al refugio de la cafetería cuanto antes: un lugar cálido, donde podía tomar alguna bebida caliente y sentarse unos minutos al lado de la chimenea. Lo imaginaba y esperaba con ansias cruzar la puerta de madera azul y escuchar la campanita que sonaba cuando alguien la abría.

Empezó a nevar muy suavemente y subió la mirada al cielo. Eran copitos pequeños y sutiles, cuyo color se confundía con el cielo blanco y resplandeciente. Los sintió caer en su rostro: algodones mínimos de fría delicadeza.

En ese preciso instante, notó algo extraño. En el tubo de un semáforo guindaba un cassette como esos que escuchaba en su infancia. Su cinta estaba fuera del engranaje y la veía enrollada en el tubo. La contempló y el tiempo pareció haberse detenido. El viento movía el cassette de lado a lado como un péndulo y lo hacía girar sobre el eje que la cinta había construido.

Un sonido molesto empezó a sonar a lo lejos. El tiempo poco a poco volvió a correr de nuevo. El sonido, como si tuviera patas que corrían, se acercaba cada vez más a los oídos de Graciela y aumentaba su volumen. Ante su ruidosa impertinencia, cerró los ojos y cuando los abrió, estaba acostada. Su despertador marcaba las 7:30 am.

****

—Cuéntame sobre Venezuela.

—¿De verdad quieres saber?

—Sí. Mi madre siempre me relata sobre la República Dominicana. Además, no hay clientes. Aparentemente nadie necesita su café cortado de hoy.

—Y tu mamá, ¿te cuenta lo bueno o lo malo?

—Pues… nada es perfecto.

Graciela apretó los labios e inspeccionó los ojos grisáceos de Ian, como examinando si realmente tendría la paciencia de escuchar su versión de una realidad tan lejana.

—Okay…Bueno, el clima de Caracas —de donde soy yo— es inigualable, eso sí. Tenemos una montaña, el Ávila, que bordea la ciudad y que la hace única. Tanto así que Caracas sin el Ávila, no sería Caracas: es su esencia. El cerro se ve diferente todas las mañanas: es impresionante, porque claro, es la misma montaña, pero nunca luce igual. Tendrías que verlo para entender qué quiero decir. Cada cierto tiempo, si miras al cielo, puedes ver guacamayas amarillas y azules o loros verdes volando siempre en pares. Como a las seis de la tarde gritan enloquecidos, como anunciando que se acabó el día y que es hora de recogerse.

Graciela se detuvo un segundo y miró a la nada cuando en realidad observaba sus recuerdos.

—Algo que siempre tomé por sentado son las palmeras. Con toda su majestuosidad y altura, adornan las calles de la ciudad. Ahora descubro que me encantan. Allá las llamamos chaguaramos. Hay otros árboles que cuando florean inyectan un cóctel visual de colores: amarillo, morado, anaranjado, rosado.

—Todo suena muy bonito.

—Sí, sí, pero eso es lo bueno. Pudiera pasar días contándote lo malo. Así que para resumir te puedo decir que Venezuela, más bien lo que han hecho los venezolanos con el país, ha hundido los planes de vida de millones de personas honestas que sólo querían hacer algo con su talento. Te puedo hablar desde mi experiencia personal. Cada mes, vi como mi trabajo valía menos y menos. Lograba cosas nuevas, pero la crisis económica era como un muro que no podías traspasar, porque cada día alguien había colocado ladrillos nuevos que lo hacían más alto. Año tras año, vi como cada uno de mis amigos se iba. Me fui perdiendo los momentos importantes de la vida de las personas con las que crecí: graduaciones, ascensos, compromisos, bodas, hijos. Sí, Whatsapp te permite mantener un contacto relativo, pero no es lo mismo.

A Graciela nunca le habían gustado los monólogos catárticos, pero Ian se mantenía atento. Sus ojos grisáceos no le quitaban la mirada. Tomó un sorbo de agua, tragó y respiró hondo.

—Con una pistola apuntada a mi cabeza, me robaron el carro que mis padres con mucho esfuerzo me regalaron, el teléfono que me compré con mis ahorros, la computadora que me permitía trabajar. Es así, la vida, para una minoría delincuente y poderosa, vale nada: matan por cualquier cosa y tienen las armas para hacerlo. Ante tal amenaza, es mejor darles todo sin pensarlo dos veces. Aunque no deja de ser injusto: son TUS cosas, ¿sabes?

Graciela sentía que con sus palabras invocaba aquello de lo que huía… y temía. Sentía el miedo de revivir esos fantasmas; tal como cuando en tercer grado jugaba a la Ouija con sus amigos temerarios en los baños desolados de su colegio.

—¿Quieres que siga? ¿No te estoy deprimiendo?

—No, continúa.

—Sí, podrán haber cosas muy bellas, pero cuando tu ciudad es uno de los lugares más inseguros del mundo, te encierras y te las pierdes. El gobierno no gobierna, mas bien incentiva a burlar el sistema. Claro, ¿qué ejemplo pueden dar cuando han sido ellos los primeros en saquear al país y burlar las leyes? Todos sabemos quiénes son los culpables de tal anarquía, pero nadie los castiga. Nadie asume la responsabilidad y mucho menos, aceptan consejos y corrigen los errores. Ni siquiera piensan en tomar las medidas para que las personas que votaron por ellos y que decían amar, puedan vivir o más bien, sobrevivir. Todo el mundo sabe quién pone el ladrillo para construir el muro que encierra a la gente, pero nada parece servir para detenerlos.

Graciela notó que Ian escuchaba atento y sin escandalizarse. Lo tomó como una luz verde para continuar relatando su tragedia tercermundista.

—Terminé la universidad y me sentía viva para hacer lo que quisiera. Hacer arte era mi pasión: no tenía dudas, sabía exactamente adónde quería llegar. Monté una galería con unos amigos. Nos iba muy bien al principio, pero luego la situación económica afectó el negocio. Con una inflación de 100 y pico por ciento, ¿quién va a estar comprando una pintura que suma el mercado del mes y más? Pensamos en expandirnos y exportar las obras. Ya habíamos hecho buenos contactos en Miami, Nueva York y Bogotá. Todo estaba listo. Y sacaron la ley, Protección al Patrimonio Cultural, que básicamente te impide exportar cualquier obra artística que no sea del gobierno. Un ladrillo más.

La tristeza había invadido los ojos negros de Graciela. Ian seguía sin decir nada.

—Se fueron mis amigos. Se fueron mis ganas de explorar. Me robaron mis cosas. Pero más allá de eso, me arrebataron las ganas de hacer arte.

****

Sábado en la mañana. Graciela abrió los ojos y vio el techo blanco de su apartamento tipo estudio. Se estiró para volverse a encoger con las sábanas y el edredón enrollados en el cuerpo. Abrazó a su perro de peluche que conservaba desde la infancia.

Ya no iba a dormir más, pero se quedó en la cama mirando a la nada, absorta en sus pensamientos sin rumbo. Un hábito usual de las mañanas en las que no tenía que correr hacia la rutina del día.

Puso la mano sobre la mesa de noche y agarró el celular. Vio en la pantalla una notificación de un mensaje de su mamá: “Hola, mi amor. Te extrañamos mucho. ¿Cuándo puedes hablar?”.

Agarró fuerzas y logró levantarse. Dio tres pasos y ya se encontraba en el baño. Salió y tres pasos después, ya había “entrado” en la cocina. Puso agua para calentar en la tetera y hacerse un té. Nunca antes le había gustado una infusión de hierbas y flores como ahora. No extrañaba el café.

Tenía una camisa larga más un suéter, un mono holgado y unas medias gruesas que le llegaban a las pantorrillas. Siempre tenía frío. A eso aún no se había acostumbrado.

Encendió la computadora y abrió Skype. “Mami, ya estoy despierta. ¿Te llamo?”. Repicó la llamada tres veces. Que cómo está todo, cuéntame del trabajo, y tus nuevos amigos y la ciudad, qué vas a hacer hoy.

—Ay, mi vida, ¿tu cuarto no está como muy oscuro?

Graciela se levantó y abrió la cortina de la única ventana del apartamento. Todo estaba blanco. El reflejo iluminó su cara sorprendida y sus ojos negros. Estaba feliz.

—¿Qué pasa?

—Mira. —Graciela tomó la computadora y colocó la pantalla frente a la ventana.

****

 

Ian compró las entradas.

—No habías venido antes, ¿cierto? Sé que te va a gustar.

Graciela leyó la entrada y le ofreció una sonrisa tímida sin mostrar los dientes. Subió la mirada y vio las paredes de mármol blanco y los techos altos. El taconeo, los murmullos y la risa de las personas se combinaban y generaban un eco agradable. El edificio era hermoso: le hacía justicia a los objetos que guardaba en su interior.

Pasaron por la exhibición de arte renacentista para luego seguir con los impresionistas, los cubistas, dadaístas, expresionistas, arte pop y demás. Recordó las clases de arte en la universidad y se sintió honrada al ver las obras que había estudiado con tanto interés en carne propia.

—Hay una exposición de fotografía. ¿Gustas verla?

—Sí vale, vamos.

Entraron. Un fotógrafo alemán había dedicado dos años de su vida a explorar las selvas de la Amazonia. Vio una foto en blanco y negro cuyos contrastes ilustraban con detalle la grandeza y belleza del Roraima. Su pecho se hinchó de orgullo, pero también de nostalgia. Se detuvo unos minutos a contemplarla.

Pasó a la siguiente foto. Era una palmera como las que tanto le gustaban, partida por la mitad. Su tronco y ramas estaban tiradas sobre el piso polvoriento, mientras unos leñadores observaban complacidos el trabajo recién hecho. La majestuosidad en vía de ser hecha trizas.

Pasó a la siguiente foto sin mirar atrás.

****

Sacó el lienzo de la bolsa de papel y lo puso sobre la mesa. Alineó los pinceles y empezó a preparar los colores sobre la paleta.

Puso una foto del paisaje típico de Caracas en la computadora: la vista sobre el valle, las colinas enmarcando la silueta de los edificios, la Cota Mil y al fondo, el Ávila inmenso vigilando la obra humana que es el caos citadino.

Se sentó en una silla de madera. Tenía el cabello recogido en un moño y un mechón rebelde se le metía cada cierto tanto en la cara. Vestía su camisa larga, el suéter, el mono y las medias gruesas. Luego de cada trazo, regresaba la mirada a la pantalla para tomar una captura mental que la ayudaría a traducir la imagen de su cabeza al lienzo.

Se hizo de noche sin percatarse y encendió la luz del apartamento. Observó el cuadro a lo lejos: estaban las colinas, la silueta difuminada de los edificios, las luces anaranjadas y rosadas del típico atardecer caraqueño y dos guacamayas volando en el aire. Había decidido dibujar el Ávila de último. Llevaba sólo el borde de la montaña, pintado con trazos interrumpidos de color marrón oscuro.

Posó el pincel encima del lienzo para colorear la montaña, pero justo cuando iba a comenzar, se detuvo. Alejó el pincel y colocó la mano encima de la mesa. Observó la pintura una vez más y vio que ya estaba lista. No había más nada que hacer.

****

Decidió que era el día. Salió del edificio con su chaqueta deportiva y sus botas para caminar.

En la calle, sabía que su piel morena y cabello ondulado la hacían diferente, mas no se sentía intranquila. Las miradas que cruzaba eran mansas, siempre seguidas de un saludo cortés. Aceptaba con naturalidad no pertenecer a ese sitio congelado, gris, sin dejar de ser hermoso. Las calles amplias y limpias la dejaban respirar. Caminaba y caminaba. Un paso tras otro, sin prisa, sin sorpresas, con una expresión plácida.

Vio ante sí la sabana, cuyo horizonte era interrumpido por una pared de montañas adornadas con cascadas y árboles blancos. Ya se había acostumbrado al frío. Ese día llegaría hasta allá.

VERDE

Hubo tiempos en los que eras más amable: ejemplo latinoamericano de desarrollo y progreso, hogar de construcciones de vanguardia arquitectónica y sitio de encuentro para tu población cada vez más dilatada. Yo todavía era muy joven y no te conocí con tu mejor cara.

Me gustaría verte limpia, que tus calles me invitaran a recorrerlas con tranquilidad, sentirme libre.

A pesar de todo, eres mi hogar. En ti nací, en ti crecí y espero seguir envejeciendo en ti también. Aquí estoy. Aquí sigo.

Siempre me ha encantado la neblina que baja de tu montaña y que acompaña la frescura de las mañanas. Tu sol nunca deja de ser amable, aún al mediodía cuando éste se encuentra más bravo. La brisa acogedora de las tardes produce una música placentera cuando mueve las ramas de los tantos árboles que te adornan.

Esos árboles majestuosos que han roto la modernidad. Chaguaramos inmensos, jabillos copiosos, mijaos fuertes, apamates coloridos, araguaneyes cuyas flores parecieran ser diamantes en el cielo, e inclusive especies de otros paisajes como sauces y pinos. Verde, la ciudad verde.

Me gustan tus temporadas de lluvia: limpian y depuran. Son fuertes, pero el resultado vale la pena: el cielo se aclara, las nubes se aplanan y el aire se vuelve más liviano. El olor a naturaleza, a tierra mojada, hace pensar en tiempos precolombinos cuando la intervención del hombre aún estaba ausente.

Caracas, ahora lo veo: no eres tú, somos nosotros.

la foto (1)

The Ministry of Plenty, The Miniplenty

(Written in September 2013, but the text remains current in 2015).

“The milk is running out and I have not found anymore, anywhere”. “That sucks”, I replied. “I’ll check on another supermarket”.

Walking rushed steps through the hallways among carts and people. “Excuse me, excuse me”.

Suddenly, there’s a hand written paper: “5 Pastoreñas per person”. It is missing a PS that reads: “We are well aware that this is a shitty situation, but there is nothing we can do about it. Please, have the kindness to understand us, and don’t make a scene, ok? Thank you”.

But there are no Pastoreñas, delicious milk made in Venezuela. The shelf is packed with products brought from Ecuador, Peru, or Uruguay.

The sign says Pastoreñas, not Surlat. I take a look around. There aren’t any supermarket workers. A lady looks at me, her eyebrows giving me authorization. In three seconds, I grab two large boxes filled with milk cartons and put them in my cart.

I encounter a long line. If I had a sheet, I’d cover the two boxes. I imagine the thoughts of those around me that clearly do not approve of my actions: “hoarder, selfish”.

Finally it’s my turn. I take out the large heavy boxes. The cashier says no word. I pay.

I am already inside my car; pure bliss. I smile and make a call filled with good news.

Wait a minute…what?

 

Estoy aquí ahora

 

Encierro, imposibilidad, limitación. Algunas de las cosas que esta caraqueña por estar aquí vive.

Encierro por la inseguridad. No está fácil vivir en un ciudad, en un país, con una tasa de 54 asesinatos por 100 mil habitantes[1] cuando el promedio mundial es 6,2. Ni hablar de los secuestros, robos, hurtos y demás. Trato de no pensar mucho en ello, porque igual hay que salir. A mi propio riesgo, pero hay que hacerlo.

Imposibilidad por la situación económica. No está fácil vivir en un país donde entre el año 2008 y 2014 la inflación ha sido de 445%. Las cosas que quieres o necesitas comprar cada vez son más caras, mientras tu sueldo sigue igual. Ni hablar de la escasez, de la situación petrolera, de la crisis cambiaria o de la corrupción (20 mil millones de dólares robados sólo en las empresas de maletín). Ni hablar de cómo viven los menos afortunados. Piensas que a lo mejor con algo propio puedas surgir, pero después ves las noticias, hablas con la gente y el panorama es todo menos alentador. ¿Hay manera?

Limitación por la visión de futuro. No está fácil buscar trabajo en un país donde todas las opciones laborales que se ajustan a lo que me dio por estudiar se ven truncadas por la realidad política. He tenido que buscar alternativas, en las cuales, sí, aprendo cosas nuevas, pero no se ajustan a mi plan original y hasta me atrevo decir ¿sueños? Ni hablar de comprar un apartamento, un nuevo carro, viajar a los lugares que muero por conocer.

Pero nací a finales de los ochenta en Venezuela: estoy aquí y ahora no me puedo ir. Emigrar no es la respuesta. Y muy en el fondo tampoco quiero. Salir porque “este país es una mierda” es un trapo caliente que aguanta la fiebre por unos meses nada más. Hay que buscar otras opciones. Acepto sugerencias. Sigo buscando mi oportunidad dentro de la crisis.

Mientras tanto estoy en la terraza de mi casa en un sábado un poco nublado, con la brisa pegándome en la cara, rodeada del monte tropical, con el Ávila a mis espaldas, escuchando el escándalo de las guacharacas al momento que pasan cuatro guacamayas al frente. Estoy acompañada por mis tres perritas y dos morrocoyes, mientras me como una arepa con queso de mano y me tomo mi café. Arriba está mi familia, mi hermano echando broma. Me dicen para ir a la playa, a lo mejor vaya. Siempre alguien lleva amigos de amigos y al final terminamos todos bailando siendo amigos.

El día aclara. Espero que mi futuro también.

 

[1] Cifra extraída del estudio anual sobre el homicidio en el mundo elaborado por la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, el cual se basa en números oficiales. De tal modo, probablemente sea muy tímida.

 

Viejos, nuevos y los mismos tiempos

He vivido 26 años en Caracas y puedo decir que no la conozco. Sí, vivo en ella, me ubico, pero no me bajo de un carro, rara vez camino, no observo detalles y lo menos que quiero es perderme. La única ocasión en la que me tomo mi tiempo es cuando me atrapa el tráfico y la experiencia dista de ser relajante. No dejo de pensar en que seré la próxima víctima del hampa demasiado común.

Ravi Shankar recordándome a vivir sin estrés durante una cola caraqueña

La inseguridad me aleja de las calles. No exploro mi ciudad como cuando viajo a otras urbes, donde camino, observo detalles, intentando ser más que una turista…en Caracas soy precisamente eso.

¿Quieres hacer un tour guiado por el centro de Caracas?

Dije sí desechando la idea inculcada de que el centro equivale al Mordor venezolano.

 Explota la burbuja 

Veo otra ciudad cuando salgo de la estación, estoy en otro territorio. “Cuidado con el celular”. Caminamos: malos olores, mucho ruido, mucho alboroto. Gente gritona, emprendedora, creativa, musical, dulcera, impaciente. Venezolanos en fin.

Chicha legendaria

Chicha legendaria en la Plaza El Venezolano

Subimos al Calvario y es un oasis en medio de una jungla de concreto, smog, ruido y gente. Me imagino a las señoritas de otros tiempos con sus faldas largas y sombrillas delicadas sobre el hombro, mientras los caballeros las cortejaban con rosas rojas de Galipán en mano.

El Calvario, oasis citadino

El Calvario, oasis citadino

Camino y observo detalles.Vamos al mirador y vemos una panorámica perfecta de toda Caracas. El desorden de la idiosincrasia venezolana se ve reflejado en el urbanismo. No hay estructura. “Mientras vamos yendo, vamos viendo” pareciera ser la premisa que guía el crecimiento de la ciudad. Vemos la gran variedad de obras arquitectónicas insignes que en su momento fueron modelo a seguir y símbolos de innovación y vanguardia.

Huellas

Bajamos. Plaza O’Leary, Teatro Municipal, Centro Simón Bolívar, Casa de las Primeras Letras, Iglesia de San Francisco, la Plaza El Venezolano, muchas otras avenidas y calles. Si bien muchos de estos sitios se encuentran recuperados, otros revelan lo que fueron, lo que dejaron de ser. Lugares de formal importancia, pero que como nuestra moneda, se han devaluado progresivamente con los años.

Las calles y paredes de mármol nos cuentan sobre otros tiempos de abundancia y de nuevo riquismo cultural. Ni una placa de mármol se conserva limpia, todas están sucias e inclusive ralladas con graffiti. Símbolo de derroche, inconsciencia, desapego, tal vez ignorancia. Simplemente no duele, porque fue fácil.

Las calles, la arquitectura y el urbanismo nos relatan cómo Caracas fue fundada en tiempos de capitanía general y cómo fue creciendo. Luego nos ilustran sobre otros períodos de orden y progreso a correazos acompañados de inyección estatal para elevar la autoestima nacional. Finalmente exponen nuestros días de populismo y culto a la personalidad.

Caminamos por  espacios dedicados a damnificados con sus correspondientes identificaciones partidistas. Pósters pegados por doquier, graffitis, plazas, monumentos, retratos que acompañan los sitios turísticos, uniformes rojos, el rojo en todas pares y “la mirada” que aparece cada cierto tanto.

Cuartel de la Montaña

Cuartel de la Montaña

El Panteón Nacional es víctima de la lucha entre el pasado y el presente: legado colonial versus legado socialista. Ambos son expresiones de caudillismo compitiendo por quién le rinde más culto a la figura impuesta como el dios venezolano.

Lucha arquitectónica

Lucha arquitectónica

De regreso a la burbuja 

Regresé contenta de haber hecho el recorrido. Conocer algo diferente a lo rutinario. Intentar entender.

No éramos de la zona y tampoco chavistas, pero por unas horas, también el centro de Caracas fue nuestra ciudad y pude ser más que una turista …por lo menos por un día. Somos iguales, parecidos, muy diferentes, demasiado distintos -todo al mismo tiempo.

Caracas es una huella de la confrontación aún (y quién sabe si siempre) vigente entre el anhelo de civilización y nuestros instintos intranquilos, desordenados y agresivos.

A pesar de que nada es eterno y todo constantemente cambia, al mismo tiempo muchas cosas permanecen siendo las mismas: no importa la época, no importa quién mande. Fuimos, éramos, somos otra cosa, pero también seremos la misma. Ahí seguirán los cimientos como jeroglíficos para recordarnos la historia.

 

Sube y baja

Una relación incómoda, pero no desechable. Una de esas cosas que simplemente deben aguantarse. Pero, ¿hasta cuándo?

Desde 1999 la relación bilateral colombo-venezolana se ha caracterizado por períodos de confrontación  intercalados con acercamientos pragmáticos- motivados principalmente por el crecimiento de 346% que alcanza el intercambio comercial entre los años 2003 y 2007 (F. Gerbasi, 2008, p. 6).

Este aspecto se acentúa durante los gobiernos  del Presidente Chávez y del Presidente Uribe. Mientras que anteriormente los problemas se limitaban a ser cuestiones entre Estados manejados a través de negociaciones, luego los desacuerdos llegaron a términos personales entre gobernantes, rebasando los límites de lo diplomático, cayendo en guerras verbales realizadas públicamente, condicionadas a su vez por la confrontación de dos modelos de ideas políticas diferentes. Esta circunstancia alcanza su ápice durante la crisis bilateral en marzo de 2008, cuando el Presidente Chávez envía 10 batallones a la frontera con Colombia, luego de que este país a través de una operación militar contra las FARC, haya incursionado sin autorización en territorio ecuatoriano resultando muerto el jefe guerrillero Raúl Reyes.

En 2010 Juan Manuel Santos es elegido Presidente de Colombia, ocasionando un giro notable. Tal como lo explica Socorro Ramírez (2010), su política exterior se concentró en recomponer las relaciones dejando atrás el pasado: “Dadas las fuertes divergencias económicas y políticas con la Venezuela bolivariana se requiere una diplomacia sobria y efectiva que evite la confrontación y concrete la cooperación” (p. 89).

Siguiendo esta línea de acción, se llevaron a cabo las reuniones de Santa Marta entre ambos mandatarios en agosto de 2010, donde se reestablecen oficialmente las relaciones. Meses después,  se firmaron once acuerdos: un tratado de libre comercio, convenios para la producción de aluminio, acero, andamios, electrodomésticos, el desarrollo de un oleoducto para transportar crudo desde el Orinoco hasta el Puerto de Tumaco, la extensión de un gasoducto, el estudio conjunto entre Pdvsa y Ecopetrol de los campos maduros en el Lago de Maracaibo y en el estado Apure, el intercambio de energía eléctrica, y otros acuerdos para la actividad ganadera y cultural. Además, no puede olvidarse la declaración pública de amistad entre ambos presidentes.

Todo parecía estar en calma hasta el 29 de mayo de 2013. Henrique Capriles se reúne con el presidente Santos, a fin de discutir las elecciones venezolanas llevadas a cabo un mes antes, cuyo resultado fue rotundamente rechazado por el candidato de la oposición. Relámpagos y centellas.  Maduro reacciona acusando a Santos de estar rompiendo las reglas del juego, de meterle “una puñalada a Venezuela por la espalda”, y de ser cómplice de un complot contra la estabilidad del incipiente e inestable gobierno.

El pragmatismo que caracterizaba las relaciones bilaterales desde que Santos asume el poder es interrumpido por un repentino tinte político. El péndulo oscila una vez más y las ideas recobran su papel principal haciendo una entrada tempestuosa. Algo apunta a que resucita el pensamiento inspirado por Hugo Chávez que permanece latente bajo las apariencias: aquel discurso anti-imperialista que hacía un llamado a la instauración de un orden multipolar, en el cual se erigieran nuevos polos de poder capaces de hacerle frente a las quintas columnas que atentan contra el proyecto bolivariano.

Sin embargo, y a pesar de la insistencia de José Vicente Rangel de que hay una operación aventurera planeada desde territorio colombiano para conjurar contra el gobierno venezolano, una vez más presenciamos una reconciliación que era de esperarse. El 22 de julio los presidentes se reunieron en la ciudad venezolana de Puerto Ayacucho. Se relanzaron las relaciones y se establecieron tres puntos de trabajo a través de una comisión bilateral encabezada por ambos cancilleres: seguridad fronteriza, energía y comercio.

Llama poderosamente la atención el lenguaje empleado por el presidente Santos en la rueda de prensa. Si se analizan críticamente las declaraciones oficiales, pueden encontrarse elementos que dan pista sobre las verdaderas intenciones que a pesar de no ser obvias, laten por debajo de lo explícito.

Un ejemplo de esto es cuando el Presidente explica que uno de los sub-temas de seguridad se refiere a  los “grupos al margen de la ley”. No hubo mención a las FARC, ni se caracterizó a éstas como terroristas- cosa que Uribe probablemente hubiese hecho sin titubear. Aquí puede verse la prudencia de la que habla la profesora Ramírez. Se escogen cuidadosamente los términos, especialmente en medio de los diálogos de paz llevados a cabo en Cuba, en los cuales Venezuela, a pesar de no tener un papel particularmente central, bien puede ejercer cierta influencia como país acompañante, tal como explicó la internacionalista Beatriz Majo en el programa Aló Ciudadano el 22 de julio.

Tanto Santos como Maduro tienen claro que hay divergencias importantes que probablemente no podrán resolverse; cada país representa “dos modelos, dos sistemas”. Sin embargo, hay muchos intereses de por medio, tanto para Venezuela como para Colombia. Recordando una de las frases emitida por el presidente Santos: “(…) es lo que nos conviene a los dos países, a los dos presidentes, a los dos pueblos”. ¿Esto significa que independientemente de cualquier desaire por parte del lado venezolano que genere un impasse diplomático, Colombia siempre estará de brazos abiertos dejando atrás el pasado? Algo es cierto: existen límites. Pero, ¿cuáles son? Depende del equipo de política de exterior venezolana determinarlos y luego hacerlos respetar por el alto mando.

Veamos si logran sopesarse las divergencias políticas, las ideas y creencias. Veamos si los intereses personales no terminan desviando los nacionales.

Bibliografía:

GERBASI, F. (2008): Situación actual y posible evolución futura de las relaciones colombo-venezolanas, [versión electrónica]. Instituto Latinoamericano de Investigaciones Sociales (ILDIS). Obtenido el 15 de mayo de 2009 de: http://library.fes.de/pdf-files/bueros/caracas/05565.pdf

RAMIREZ, S. (2010): El giro de la política exterior colombiana [versión electrónica]. Revista Nueva Sociedad, No 231. Obtenido el 22 de julio de 2013 de: http://www.nuso.org/upload/articulos/3754_1.pdf

SANCHEZ, M. (2013): Maduro y Santos cara a cara tras crisis desatada por opositor venezolano [versión electrónica]. AFP. Obtenido el 22 de julio de 2013 de: http://www.google.com/hostednews/afp/article/ALeqM5hb1PkQqlgxUi63hRM4HwAy5Av-9w?docId=CNG.51d35304c8fa1c723cc209e097a6d91e.241&hl=es

VALBUENA, F. (2010): En cuatro horas, Santos y Chávez solucionaron la crisis bilateral más grave de los últimos años [versión electrónica]. El Tiempo. Obtenido el 22 de julio de 2013 de: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-7853620

Ministerio del Poder Popular para Ciencia, Tecnología e Industrias Intermedias (2004, noviembre). Taller de Alto Nivel. “El Nuevo Mapa Estratégico”, [versión electrónica]. Obtenido el 17 de enero de 2010 de: http://www.minci.gob.ve/wp-content/uploads/downloads/2013/01/nuevomapaestrategico.pdf

Santos y Maduro buscan hoy limar asperezas y reactivar relaciones colombo-venezolanas (22/07/2013), Radio Santa Fe 1070 a.m. Bogotá [versión electrónica]. Obtenido el 22 de julio de 2013 de: http://www.radiosantafe.com/2013/07/22/santos-y-maduro-buscan-hoy-limar-asperezas-y-reactivar-relaciones-colombo-venezolanas/

Santos dice que Chávez es su “nuevo mejor amigo” (07/11/2010), El Universal [versión electrónica]. Obtenido el 25 de julio de 2013 de: http://www.eluniversal.com/2010/11/07/pol_ava_santos-dice-que-chav_07A4702931.shtml

Venezuela y Colombia suscriben 11 convenios estratégicos (28/11/11), El Universal  [versión electrónica]. Obtenido el 22 de julio de 2013 de: http://m.eluniversal.com//nacional-y-politica/111128/venezuela-y-colombia-suscriben-11-convenios-estrategicos

Rueda de prensa de Nicolás Maduro y Juan Manuel Santos tras su reunión en Puerto Ayacucho. Obtenido el 22 de julio de 2013 de: http://www.youtube.com/watch?v=cjHTrgEAnBA

Sentimiento nacional*

Nosotros, pues, a nombre y con la voluntad y autoridad que tenemos del virtuoso pueblo de Venezuela, declaramos solemnemente al mundo que sus Provincias Unidas son, y deben ser desde hoy, de hecho y de derecho, Estados libres, soberanos e independientes y que están absueltos de toda sumisión y dependencia de la Corona de España o de los que se dicen o dijeren sus apoderados o representantes, y que como tal Estado libre e independiente tiene un pleno poder para darse la forma de gobierno que sea conforme a la voluntad general de sus pueblos (…)

El 5 de julio de 1811 los representantes de las Provincias Unidas de Caracas, Cumaná, Barinas, Margarita, Barcelona, Mérida y Trujillo en sesión del Congreso de Diputados votan por la Declaración de la Independencia de España.

Este es el hecho histórico que se conmemora cada año en Venezuela con un día libre que produce aun mayor alivio en sus ciudadanos si cae viernes o lunes, ya que implica un fin de semana largo lleno de maletas, tráfico, sol, playa y (mucho) ron venezolano. Vamos a la playa y hacemos lo que mejor sabemos hacer: armar una tremenda rumba. No puedo evitar imaginarme a los miembros de la Sociedad Patriótica presenciando las jornadas de celebración en algún cayo de Morrocoy, alguna playa de Margarita, Puerto La Cruz o La Guaira y llorar para luego decretarnos la guerra a muerte.

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Si bien este hecho puede reprenderse, antes de hacerlo hay que evaluar por qué (me atrevo a generalizar) la mayoría de la sociedad venezolana, sabiendo o no qué evento se conmemora, simplemente no está motivada a celebrar con solemnidad tal día.

De acuerdo a mi experiencia personal, mis primeros recuerdos de aquel día libre en el que no tenía que levantarme a las 5 y media de la madrugada para ir al colegio, se remontan al extenso desfile militar en Los Próceres: helicópteros y aviones estruendosos, soldados elegantes marchando al unísono y otros más camuflajeados gritando de forma intimidatoria consignas ininteligibles ante la mirada complaciente del presidente de turno, del alto gobierno y de unos cuantos ciudadanos de a pie.

Las imágenes transmiten y construyen ideas en el imaginario que perduran más que la palabra hablada, especialmente en las mentes más jóvenes. Estoy segura de que se pronunciaron discursos loables inyectados de nacionalismo durante estas celebraciones oficiales, pero lo que recuerdo predominantemente son los elementos militares.

Entonces, ¿qué tipo de conexión puede establecerse entre el día en que nació la “patria” y una exposición que pretende demostrar el poderío militar bélico sumamente costoso para la “nación” cuya utilización final desconocemos? Porque guerras interestatales para defender el territorio venezolano no se han librado.

Me pregunto, ¿existe orgullo nacional ahora que nos recuerdan a cada rato sobre nuestra posesión de patria? ¿Hay conciencia de que el 5 de julio un grupo de señores blancos criollos declararon el inicio oficial de la venezolanidad separada de España? ¿Tenemos idea de nación en el imaginario colectivo?

Este desorden ha aumentado los males de la América, inutilizándole los recursos y reclamaciones, y autorizando la impunidad de los gobernantes de España para insultar y oprimir esta parte de la nación, dejándola sin el amparo y garantía de las leyes.

Sustituyamos “América” por (la República Bolivariana de) Venezuela, suprimamos “de España”, y veamos las ironías de la historia. No me sorprende entonces que vayamos a la playa para ahogar nuestra realidad.

*Extractos de las letras de la canción Sentimiento Nacional por Guaco:

Cada región tiene sus cosas sabrosas

Y esas cosas tienen su aroma y color

Aroma especial que viene de sus mujeres

Color del sol, ferias, gaitas y placeres

Es algo que llevamos dentro

que nos mantiene contentos,

auténtico y nacional

Termómetro de tolerancia

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La política, según Aristóteles, surge en estados organizados que reconocen ser un conglomerado de distintos miembros, no una tribu o el producto de una religión, un interés o una tradición únicos (…) la política entraña cierta tolerancia de verdades divergentes y el reconocimiento de que la gobernación no sólo es posible sino se ejerce mejor cuando los intereses rivales se disputan en un foro abierto.

Bernard Crick, En Defensa de la Política

La dialéctica es el arte de conversar; el método a través del cual se exponen argumentos contrarios con el fin de alcanzar la verdadera esencia de las cosas. La dialéctica se pone en práctica cuando las disputas que ocurren, cuando las posiciones antagónicas que chocan, se resuelven mediante el diálogo, facilitando la evolución intelectual de la humanidad[1].

Estos 14 años en Venezuela se han caracterizado, entre otras muchas cosas, por encontronazos políticos. La sociedad venezolana está sumida en una polarización insoportable donde no hay tintas medias: o se es de un lado o se es del otro. Cada uno siente que el otro es intolerante. Ambos lados están separados por una pared transparente: saben de la existencia del otro, pero no hay espacio para un debate serio.

Este 14 de abril vamos a tener unas elecciones presidenciales. Hay encuestas y percepciones, pero todavía no hay certeza de quien va a ganar. Lo único que se sabe es que alguien va a perder. De tal modo, es conveniente y preciso voltear la mirada y realmente conocer qué quiere el otro- sin prejuicios, insultos, nada. Sólo leer qué motiva al otro. Puede no aceptarse, puede no comprenderse, pero por lo menos hay que saberlo. Solamente así se puede hablar con propiedad sobre las razones de tal desencuentro.

En esta ocasión, interesa sólo conocer, textualmente y sin tapujos los distintos puntos de vista de jóvenes oficialistas y de opositores. Queda al lector examinar hasta dónde puede llegar su tolerancia.

Logré reunir las opiniones de un grupo de amigos identificados con ambas toldas políticas. A todos les hice las mismas preguntas.

¿Qué es el socialismo del siglo XXI? ¿Qué es la Revolución Bolivariana?

Karla nos delimita al socialismo del siglo XXI como “un movimiento con doctrinas que van hacia la transformación REVOLUCIONARIA de la sociedad. Igualdad para los ciudadanos de un mismo país. Que la clase obrera tuviera la oportunidad de escoger un candidato que los liderara que no fuera siempre uno de la burguesía. Recordar un líder como Bolívar y traer al presente su lucha para proteger y liberar a nuestros pueblos.”

En la misma tónica, Nindrid nos lo define como “un stop a la desproporcionada injusticia social que se vivía en los 90. Darle un frente a las transnacionales dando como prioridad a nuestra nación. Enfrentar la globalización que estaba llevando a muchos a la miseria y pérdida de identidad nacional.” Continúa diciendo que el proyecto recibe la denominación de revolución bolivariana, debido a que se encuentra inspirado en Simón Bolívar, “nuestro principal líder y revolucionario patrio”.

Blas tiene una opinión distinta. Si bien rescata el tinte transformador del proyecto, duda sobre sus verdaderas intenciones y sobre la calidad de sus efectos: distingue el pensamiento de las acciones. “El socialismo del siglo XXI es una visión política de movimiento revolucionario con base en la forma de pensar y economía marxista que supone un desarrollo radical del poder estatal dando supuesto protagonismo al pueblo. Ahora bien, la revolución bolivariana es el nombre que se le ha dado al movimiento político en Venezuela que ha buscado transformar a la sociedad, basado en el pensamiento del socialismo del siglo XXI, pero plagado por la corrupción de sus líderes, lo cual lo ha convertido más bien en un movimiento lejos del socialismo y más cerca del capitalismo de estado, manteniendo una distante conexión por medio de supuestas misiones y “regalos” al pueblo en años electorales. De resto la revolución bolivariana ha sido un movimiento de toma de control de la economía por parte del poder ejecutivo.”

¿Qué significó Hugo Chávez para usted? ¿Cuál es su legado?

Julio define a Chávez como un “un hombre de gran carisma e inteligencia política”, mientras que Blas como “un hombre con claras características de un gran líder con visiones de un mejor país, revolucionario de corazón”. Paula reconoce que Chávez ejemplificó “el retorno de lo “social” en la política (…) nos hizo recordar a todos los venezolanos, que debemos preocuparnos que todos tengamos una mejor calidad de vida. Desde el más pobre hasta el que vive en el campo más rebuscado, debe tener derecho a acceder a los servicios básicos, a la salud, a la educación”.

No obstante, ellos tres opinan que el fallecido presidente desperdició oportunidades, dejando a un país dividido y corrompido. En palabras de Blas, “el legado que deja es la separación y alejamiento de las clases, el odio entre los venezolanos, un país hundido económicamente y una cultura de violencia ante todo que está acabando con la sociedad.” Julio agrega que en el plano económico “su terquedad con el proceso socialista y “antimperialista”  le impidió reconocer la mayoría de las grandes oportunidades de desarrollo que ofrecía Venezuela durante su gobierno.” Paula también piensa que “lamentablemente a pesar de los precios récords del petróleo, su legado se quedó en las palabras y las acciones fueron insuficientes.”

Ella inclusive va más allá: para ella Chávez significó dejar el país, porque la hizo sentir “como si la democracia y la libertad eran valores secundarios. Él se encargó de darles una dura paliza y banalizarlos como si fueran una barajita repetida que ya se tenía y se podían cambiar por cualquier otro objeto de interés mayor.”

En el otro extremo, Karla dice primeramente que era “un presidente con la voz de un pueblo.” Desde que Chávez aparece en la escena política, ella se siente “sacudida” por él, por sus ideas, por “su discurso lleno de energía y sus palabras llenas de esperanza para un pueblo dormido, un pueblo sumiso y tranquilo.” Esperanzas de un país mejor, de una potencia petrolera como lo había sido. Para ella Chávez significa un claro quiebre con los presidentes anteriores, los cuales se dirigían al pueblo “con una nota larga en su escritorio que leían con paciencia y un tono de voz diplomática.”

Karla continúa. “Sentí que era sincero y que se parecía a mí, a mis padres, a mis vecinos, a la gente que sale a la calle a ganarse la comida y que no tiene herencias y “cunas de oros”.  Se me pareció a la viejita que le llevo mi ropa usada, esa que vive en un barrio muy acabado de Ciudad Bolívar. Hoy esa viejita no tiene más que antes, ni una casa en una urbanización caché, ni otra un poquito más cómoda, creo que no lo tendrá ya. Pero sí sé que comenzó a leer las noticias, a escuchar los canales informativos para enterarse de esas cosas que el nuevo presidente proporcionaba a los más necesitados, y luego se operó la vista y consiguió medicinas sin pagar un centavo. Eso me conmovió, entonces dije: gracias a Chávez los pobres no seguirán sintiéndose tan miserables.

Y aquí apenas comenzaba a conocer de este señor. Acordándose de los pobres, dando educación, proporcionándola a los que no la tuvieron. Gente que no conocía ni derechos ni deberes. Toma nuestra empresa petrolera, y vaya que eso si me emocionó. El petróleo que estaba debajo de nuestros suelos le pertenece al país entero, no a un grupo apoderado y apoyado por extranjeros corruptos y ambiciosos de riqueza y poder. Estábamos dormidos, como unos tontos, con la boca abierta viendo como pertenecíamos a un país inhóspito para muchos, un país dejado y olvidado, donde solo se sabía decir que había mujeres bonitas y que su gentilicio era muy cálido y desenvuelto, no  sabían de más nada.”

Karla reconoce el talante rencoroso del fallecido presidente: “quizá rencoroso por todo lo que no tuvo él y los suyos, y los parecidos a él.” Pero lo entiende: “él sabía que no era lo más justo que nos estaba sucediendo. Este señor era un líder, un revolucionario de la conciencia, y revolución se da siempre con cambios bruscos, dolorosos, rudos, y significantes, sino no sucede nada.”

Concluye que Chávez “le dio permiso al pueblo de hablar. Le dio voz, lo motivó a hacerse escuchar.”

¿Por qué cree que el chavismo ha triunfado electoralmente?

Nindrid opina que probablemente el triunfo de Chávez se deba “a su amor y fidelidad al país. Sus seguidores creyeron en su palabra, y si fue electo por tercera vez, debe ser por sus acciones hacia aquella mayoría.” Contrasta que la oposición no expuso razones lo suficientemente convincentes, muestra de ello los resultados de la elección pasada.

Blas y Julio concuerdan que el triunfo electoral tiene su origen y se debe en parte al reconocimiento que se la da a la clase pobre y mayoritaria del país. Tal como explica Julio, “durante los años de democracia en Venezuela, los partidos políticos se dedicaron a desangrar el país, la corrupción y la inflación iban en aumento y las clases bajas estaban cada vez más desatendidas.”

No obstante, tanto Blas como Paula subrayan que el adoctrinamiento y la emocionalidad ha sido un factor a favor. En palabras de Paula, “el chavismo (…) se encarga de crear una ideología contagiosa y profunda, la cual se refleja en las urnas. Creo que la gente sí vota pensando que ahora sí son “libres”, aunque en realidad lo que se sucede es todo lo contrario. Recuerdo el video de una niña llamando a la oposición a que reflexione y luego procedía a alabar y a elogiar a Chávez por casi 5 minutos, después de recibir una computadora “Canaima” y la verdad me dio tristeza ver tal adoctrinamiento. Juan Domingo Perón decía que el peronismo era una cuestión menos de la reflexión y más del corazón, cuando supe que el slogan de la campaña del 7 de octubre era “corazón de mi patria” me dije, creo que ya el chavismo está en la misma arena del peronismo, votar por Chávez, por Maduro o por un pájaro es igual porque es por “amor”.

Tal como lo adelantó Paula, Blas piensa que el gobierno, a través de “regalos” ha mantenido falsas esperanzas y por tanto, un control sobre el pueblo que en definitiva se traduce en triunfo electoral. “Justamente estando en Margarita preguntamos a una muchacha que no tendría más de 20 años y dijo ser chavista ya que el gobierno había entregado a su familia una casita para vivir bien equipada y los había sacado del barrio, que luego de eso, cómo no iba a votar por esa tolda”.

¿Qué ha cambiado en Venezuela durante estos catorce años?

Paula: “TODO, mi país no es ese en el que crecí. Comenzando porque con un billete de 500 bolívares de los de antes, me compraba la mitad del carrito de helado. Hoy esos billetes se exhiben en museos y con 500 bolos de los de hoy se compra uno tres bolsas en el mercado sin conseguir la mitad de lo que estaba en la lista. La inseguridad es una variante que me da escalofríos. La burocracia es un sistema que me dice todos los días pórtate bien sino no te salen tus papeles (…).  Sin embargo, lo que más me duele de todos los cambios son los que no se ven. No sólo no somos económicamente independientes, sino que también tenemos el país minado de inversiones entre ilícitas y estatales. Los chinos, los rusos y los cubanos están entre los principales ejemplos de lo que ha cambiado para mal, muy mal, que no sabemos qué le debemos exactamente a quién ni a cambio de qué…”

Blas agrega que Venezuela “se ha convertido en un país lleno de odio y violencia, donde ya a nuestros propios hermanos venezolanos separamos entre “chavista u opositor”. Venezuela se ha convertido en un lugar en el cual somos prisioneros en nuestras propias casas debido al miedo de salir por la inseguridad. (…) Pero además de eso, Venezuela ha pasado de ser un destino deseado internacionalmente para hacer inversiones a ser un lugar en la lista negra de transnacionales.”

Karla también subraya la inseguridad. “Antes sucedía, pero como te digo, antes estaba el pueblo dormido. Ahora hasta el criminal se siente con derecho de acabar con una vida porque no tiene con que sustentar la de él, o porque se aprovecha de la situación. (…) Ahora se desata porque hay algo más, el odio entre clases. Y aquí se le escapó de las manos a Chávez una verdadera solución. Tampoco crea la gente que si llega otro (…) presidente eso se va acabar de un día a otro.”

Aun así, también subraya cambios positivos: “Creo que ha cambiado la actitud de los ciudadanos. Creo que hay muchas oportunidades de desarrollo, de empleo, de nacimiento de nuevas ideas. Hay apoyo internacional, hay propuestas de desarrollo, de paz para los pueblos de nuestro continente, hay relaciones con Europa, con Asia. Hay propuestas para fortalecer a nuestro continente, de ser una potencia más, y quizá esto esté lejos y difícil de suceder, pero se prende el interés a que eso sea lo que pase en el futuro. Venezuela es conocida en todo el mundo y esta vez no por las mujeres.”

Nindrid igualmente indica los cambios positivos que percibe: “nacionalización del petróleo; surgimiento de deportistas por el apoyo y creación de centros deportivos; realización de cooperativas, motivando a la organización comunitaria; festivales y ferias de turismo, cine, literatura, teatro, agropecuaria, tecnología y ciencia; creación  de universidades; la preparación y capacitación de venezolanos en el extranjero en el área de medicina, ciencia y tecnología; guarderías y escuelas públicas donde incluyen la alimentación del estudiante; acceso  a la atención médica gratuita; Farmacias, mercados y electrodomésticos a precios accesibles; creación de urbanizaciones con centros de recreación y tiendas para cubrir necesidades básicas; la participación y protagonismo de nuestros indígenas; la alfabetización de las personas que no tenían acceso a la educación; recuperación de espacios como el centro de Caracas, Av. Lecuna, Boulevard de Sabana Grande, Catia; recuperación de teatros como el Municipal, Nacional, Catia, Principal; culminación de la Galería de Arte Nacional; ampliación del sistema metro con el metro cable, líneas de metro y  metrobuses; apoyo al Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles; protagonismo al arte folclórico venezolano; jubilados y pensionados se les cumple con los pagos; las misiones”.

¿En el 14 de abril, por qué va a votar por el candidato de su preferencia?

Nindrid expresa que muchos de los proyectos necesitan continuación para que los cambios positivos se sigan dando, y por lo tanto la oposición no debería asumir la posición presidencial.

Karla, sin embargo no se muestra tan segura. “No me siento del todo convencida de hacerlo por alguno. Me siento irresponsable de no hacerlo, también, pero mi sentir es complicado, y nadie tiene el derecho de reclamar si no llego a hacerlo. ¿Qué se hace cuando no hay candidatos que quieras apoyar, quién defiende a los que como yo se sienten?  Al fin y al cabo creo que iré. Pero mi voto es secreto, y quien sabe, capaz me sorprenda a mí misma inclinándome por el que menos creí, sólo por querer dar oportunidad, quizá no quiero más socialismo. No sé. Pero lo que haga lo defenderé con todos los argumentos bases y fundamentos. Algo que no todo mundo hace y como votarán de manera irresponsable muchos por otro candidato diferente al del gobierno actual, no porque crean o estén convencidos de éste, sino por ir a la contra del movimiento Chavista.”

En el otro extremo, Blas y Paula son abiertamente opositores.

“El 14 votaré por Henrique Capriles ya que quiero ver el cambio que él representa, quiero un futuro en el cual exista la tolerancia entre distintas formas de pensar, quiero un país construido para todos y no sólo para algunos, quiero que vuelva el amor y respeto entre todos los Venezolanos sin importar su preferencia política. Más allá que eso también quiero ver surgir el potencial de mi Venezuela, la quiero ver siendo una potencia mundial en todos los sentidos. Capriles será mi candidato ya que estoy cansado de tener que buscar y rebuscar para poder conseguir artículos de primera necesidad y muchas veces ni se consiguen.”

“Voto por Capriles, porque es un líder joven, lleno de ideas, de ganas, de empuje… De legitimidad, porque ha sido electo todas y cada una de las veces y porque su gestión ha sido transparente, seria y eficaz. Porque no le para al color de la camisa y no obliga a nadie a ponerse la de su campaña. Por último, porque es un deber con el país por los vestigios que nos quedan de la democracia, debemos retomarla y reescribir nuestra propia historia, la que viene con el candidato oficialista ya nos la conocemos.”

¿Por qué se opone al candidato contrario?

Blas manifiesta que “me opongo a Nicolás ya que es una persona sin ninguna capacidad o mérito para ser el presidente de la nación, es una persona sin la cultura ni conocimiento necesario para gobernar, es simple y claramente el títere del gobierno inherente cubano (…)”

Julio dice que el candidato oficialista ha sido explícito en continuar con el mismo sistema de gobierno, el cual en su opinión no ha resuelto los problemas de la delincuencia, la inflación, la vialidad y el transporte público. Además, se opone a Maduro, debido a que “sigue con la tendencia de actuar de manera conflictiva e irracional con cualquier sector que se le oponga”.

Paula cuestiona el talante democrático del candidato oficialista. “Podríamos comenzar por preguntarnos acerca de su legitimidad, visto que no era a él de asumirlo [el gobierno], sino al presidente de la AN”. Además, “él no puede ser el VP y estar haciendo campaña para ser electo. ¡De hecho, según la Constitución el VP en cargo no puede ser electo presidente! Sin embargo, no sabría decirte qué pienso de su real desempeño, visto que la mitad del tiempo que lleva ahí la ha pasado en “campaña” y diciendo mentiras de si Chávez lo había llamado por teléfono o que si iban a cuadrar para una partida de bolas criollas en la Habana, razón por la cual iba y venía. Aunque concretamente, entre tanto la inflación y la devaluación al casi 50% en enero han hecho de las suyas para el bolsillo de los venezolano, luego las violaciones a la Constitución con el aval de las “instituciones” y todo como si nada.”

Tanto Nindrid como Karla, por el contrario manifiestan su oposición a Henrique Capriles.

Nindrid empieza señalando la falta de originalidad en su discurso. “Ha sido muy práctico en sólo tomar como base  los defectos del gobierno durante 14 años sin considerar que se viene arrastrando a través de toda nuestra historia. (…) Siento más el apoyo de un capricho del querer salir del gobierno y no del hacer patria. Su “valentía” en las campañas políticas es quejarse del poco espacio que se brinda, para decirnos “que no tengamos miedo porque promete hacer continuidad del actual”. ¿Cómo? Apuesto a que desconoce las misiones. Veo más su miedo que un hombre con ideales.” Otra razón que expone Nindrid es la falta de reconocimiento de Capriles en la gestión del gobierno,  en especial las inversiones en educación, empresas y en la formación de policías a través de la Universidad Nacional Experimental de la Seguridad y la Armada Bolivariana. Le disgusta además “sus contradicciones y el cambio radical que manifiesta ahora. Digo el ahora porque sólo lo hace para ganar voto del sector que está opuesto a él. Citando un ejemplo de muchos, “nacionalizar a los cubanos”; los cubanos no están en la República por un papel, sino para prestar un servicio temporal. Ahora acepta la constitución, cuando antes había peleado para que no se hiciera. Acepta la bandera con 8 estrellas, pero el caballo mira hacia atrás como en la cuarta república y sus seguidores usan la de 7 estrellas. Habla sobre la violencia que se vive y propaga este gobierno. ¿Qué más vandalismo y propagación de la violencia y el odio de algunos de sus seguidores cuando celebraban la muerte de Chávez? ¿O cuando en su último discurso de campaña política desbalijaron el edificio en construcción para aquellas familias que no tienen techo?”.

Karla también habla de la falta de originalidad: “nunca le he escuchado decir algo que no diga un niño, o cualquier persona opinando sobre cosas buenas o malas. Lo único que ha dicho es que traerá un cambio, y no nos lo enseña, como Chávez por ejemplo: qué es lo que hará, hacia dónde se va a dirigir, qué ideales tiene. Sólo responde a la contraparte y habla de lo que no hizo el gobierno pasado con Chávez. Habla de una delincuencia que va derrotar, dice cosas poco realistas, poco convencedoras.” Continúa oponiéndose a Capriles al compararlo con Chávez. “Dice que no va a encadenarse como Chávez, que no hablará tanto, y esto aunque ni él lo crea me causa profunda desconfianza y temor. ¿Quién necesita a un presidente que no hable con su pueblo, que no comunique, que no rinda cuentas? ¿Y un presidente que nos enseñe, que nos diga lo que no sabemos, por qué no quererlo?” No obstante, como ya manifestó, Karla no está segura del candidato oficialista, porque “no le entiendo en su discurso”.

¿Qué piensa del sector que no comparte su tolda política? ¿Cuántos amigos del otro sector tiene?

Tanto Nindrid como Karla componen familias divididas políticamente. Nindrid explica que de 14 miembros familiares, 8 son oficialistas y 6 son opositores. Karla por su parte, de sus hermanos es la única partidaria de Chávez, y cuenta que dejan el tema de lado para no entrar en discusiones terribles.

Nindrid expresa que a pesar de las diferencias políticas, no deja de admirar a algunas personas talentosas. Sin embargo, lamento “la inmadurez [en otros] de asumir el rol opositor. Pienso que en todo gobierno es necesaria la oposición, pero debe ser asumida con más seriedad y compromiso.”

Karla no piensa que el sector opositor sea uniforme: “son varios círculos. Todos quieren algo personal. (…) A algunos les parece mal el socialismo. Otros no saben ni lo que significa. Creo que hay mucha influencia mediática en cada círculo social. Hay intolerancia a otros que no son de la misma clase social y económica. Hay muchos que no entienden lo que a Venezuela le está sucediendo y le sucedía en la anterior República.”

Blas tiene un solo amigo oficialista, aunque muchos conocidos y empleados con los que suele debatir con respeto. Julio tiene menos de diez. Paula manifiesta tener muchos amigos chavistas, pero evita hablar de política con ellos. Cuando sucede, intenta respetar su opinión y si “hay ofuscaciones me disculpo de primera porque somos antes amigos, luego venezolanos.”

Julio considera que los seguidores del chavismo “en su gran mayoría, dejan que el idealismo y su afición por el “socialismo” los ciegue contra cualquier defecto del gobierno.”

Blas y Paula expresan deseos de unión.

“Simplemente que todos los seres humanos tienen derecho de opinión y respeto su forma de pensar. Ante todo son venezolanos y seres humanos igual que yo.”

“Que todos somos venezolanos y que debemos construir país, no destruirlo, no siento que la pelea sea personal, es política. Pero si siento que el gobierno actual es excluyente con los que se oponen a él.”

¿Qué no le gusta de Venezuela? ¿Qué cambiaría?

A Blas no le gusta el odio, la violencia, la división y el sistema económico quebrado. A Paula no le gusta el gobierno, las colas y la inseguridad, la negligencia en materia de derechos humanos, tanto para los ciudadanos, como para los reclusos: “BASTA”.

Karla “cambiaría la forma de pensar con respecto a lo que podemos ser en el mundo. Cambiaría lo conformista que son sus habitantes. Cambiaría la cultura, o mejor dicho sembraría cultura.”

¿Qué le gusta de Venezuela? ¿Piensa hacer vida futura en Venezuela?

En estas dos preguntas pueden encontrarse puntos en común.

Para Blas, “Venezuela es simplemente el mejor país del mundo que está viviendo un mal momento”. A Karla le gusta “sus lugares hermosos, su idioma, su gente con camaradería. Sus riquezas. La familia venezolana, cálida y conservadora de valores.” Paula también piensa que es el mejor país y ama “la Vinotinto, la cerveza polar, mis arepas en la mañana, la playita, la montaña, la selva y por sobretodo mi gente que te recibe con una sonrisa pase lo que pase.” A Nindrid le gusta “sus colores, su clima, sus relieves, su fauna, su flora, su comida, su música, su danza, mi gente, la diversidad”.

Paula es la única que duda en hacer vida futura en Venezuela, debido a la inseguridad y al costo de la vida. No obstante, manifiesta que sí visualiza satisfacer sus metas personales y profesionales en el país: “hay tanto que hacer, lo que tenemos es trabajo señores (…) la experiencia sería más enriquecedora porque sería trabajar por el país que todo me ha dado.”

De resto, todos se visualizan en Venezuela, con la esperanza de poder satisfacer sus metas a pesar de los problemas.

En palabras de Blas, “pienso ayudar a sacar nuestra Venezuela adelante, quiero hacer mi vida aquí y que mis hijos puedan conocer lo bella que es Venezuela al igual que yo la he tenido el privilegio de haber conocido.”

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La teoría de resolución de conflictos dice que para adelantar un acercamiento entre dos grupos contrarios, hay que focalizarse en la insatisfacción de necesidades que generalmente afectan a todos los grupos de manera similar (por ejemplo, la seguridad). Las posiciones políticas, por otro lado, son más difíciles de reconciliar[2]. Esta podría ser una clave para facilitar un debate.

No obstante, siento que a pesar de tener problemas que afectan a todos, estamos muy lejos de alcanzar la dialéctica. El desencuentro en estos tiempos es inevitable y me es difícil ver cómo en ciertos puntos un acuerdo es posible. Espero que se generen los mecanismos para debatir en vez de alzar la voz irrespetuosamente. Espero que aprendamos de esto. Este fue mi intento, un experimento para medir la tolerancia. ¿Soportas leer opiniones contrarias?

Gracias a Paula, Nindrid, Blas, Karla y a Julio por prestarme sus opiniones.


[1] Brugger W. (1978): Diccionario de Filosofía, Barcelona: Biblioteca Herder, p. 156.

[2] Ramsbotham O., Woodhouse T., Miall H. (2010): Contemporary Conflict Resolution, Polity, pp. 18-19.